La complicada situación del Gobierno de coalición alemán es otro factor que hace presagiar que va a ser difícil que Berlín asuma su responsabilidad completa y se afane en la tarea de sujetar al euro, a pesar de que su papel en estos escarceos de la moneda única y, sobre todo, en lo tocante a los países de la Europa oriental, el antiguo bloque del Este, sea muy controvertido. Y nunca, ni antes ni ahora, se ha explicado con suficientes detalles. Por no contar con otro problema del que Angela Merkel prefiere no hablar.
Nos encontramos en una crisis cuyo vértice es, desde el inicio, el sector financiero, y tanto Francia como Alemania, y el propio Reino Unido, tienen a sus grandes bancos apuntalados para evitar su derrumbamiento. Con una incertidumbre añadida que afecta a los grandes bancos germanos sobre los que ni siquiera sabemos a ciencia cierta en qué consiste el apuntalamiento y cuál es el estado real de revista de los cimientos en que se sustentan. Lo que sí sabemos, sin embargo, es que son grandes tenedores de la deuda soberana viva de muchos tesoros europeos.
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La banca alemana, el euro y el Gobierno de Angela Merkel
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