Los que cazaban junto a Franco no se han ido, al revés aquí están pero ahora lo que hacen es ir de montería buscando al juez Baltasar Garzón. Parece que esta vez lo han acorralado contra el Tribunal Supremo y esperan a darle el último tiro de gracia con la inhabilitación “a divinis”.
Durante tiempo le han seguido de cerca, primero cuando se pasó a la política y sobre todo cuando decidió ir a por Pinochet. Pero lo que ha desencadenado el odio de la jauría es que Garzón decidiera abrir un juicio contra la causa franquista. Claro, les ha molestado, es que todavía están vivos a pesar de que se les murió “el padre” en el año 1975. Ahora esperan al tiro de gracia para regresar a sus ocupaciones que son el control del Estado desde el sillón de cuero del casino de los señoritos. Garzón tenía que haber tenido en cuenta que en España el franquismo es, además de una forma de vida, una sociología que está enraizada en lo más profundo de algunas personas que todavía creen en razas y en cuentos de seres superiores.
En ningún otro punto de Europa se levantarían airados por la supresión de las misas a un dictador en el Valle de los Caídos, o se pondrían palos en la rueda de un juez que quisiera averiguar los crímenes ocurridos durante una dictadura. Así que a ser verdad lo que dijo Franco de que todo había quedado “atado y bien atado”. Los cazadores justicieros nunca cambian de punto de mira, y éste suele coincidir con el de su escopeta.







