La mano que maneja los tiempos en el Partido Popular debe haber trabajado con Alfred Hitchcock, de otra forma no se entiende que hayan provocado una noticia de una sanción que todavía no es firme. Lo que han conseguido es justo la reacción contraria: que los citados se remuevan, que se vuelva a sus declaraciones y que dé la impresión de que el Partido Popular está asentado sobre una falla telúrica que no deja de ofrecer réplicas.
Ahora que habían conseguido tener un clima de entendimiento entre Aguirre y Gallardón, aparece de nuevo el recuerdo del «vómito» de Cobo que aún no se ha retractado de sus palabras y que podría ser castigado con una sanción de balonmano, apenas dos minutos sin jugar, poca cosa, nada. Y Ricardo Costa, cuya pose de niño bien se intentó ocultar enviándole al gallinero de las Cortes Valencianas, ha salido del letargo para decir que le parece mal y hacerlo desde Londres donde perfecciona su inglés. Sólo faltaba ese detalle para completar la imagen de pijo-aparte, le robo la metáfora a Marsé.
Si no querían caldo ahí van unas cuantas tazas para amenizar estas mañanas tan frías en la corte madrileña. Y se han librado porque Alfonso Guerra no está en activo porque en otro caso ya tendríamos chascarrillos; el único que podría hacer bromas es José Blanco pero se está trabajando la medalla a la concordia y por eso no habla.
Los insurrectos Cobo y Costa vuelven a emerger de las catacumbas. ¡Qué oportunidad!, menudo desacierto despertar a la criatura del doctor Frankestein.







