Colombia, en paz

Diego Carcedo
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La paz firmada en Colombia, después de más de medio siglo de conflicto armado, es una noticia alentadora Pocas cosas podrán causar mayor satisfacción a la sociedad que asistir al final de una guerra. La paz firmada en Colombia, después de más de medio siglo de conflicto armado, es una noticia alentadora. Primero porque Colombia es un país muy próximo a los españoles y, por lo tanto, el que hayan conseguido poner fin a un enfrentamiento civil tan arraigado, no puede por menos que proporcionarnos una doble alegría. Esperemos ahora que el referéndum que habrá de ratificar en los próximos días el acuerdo, deje de lado la visceralidad de muchas venganzas y las envidias de algunos políticos, y no frustre este final remolón  de tanto dolor y tanta sangre.
 
Porque, hay que apresurarse a recordarlo y aunque resulta casi imposible de creer, también en Colombia hay quienes se oponen a una recuperación de la paz por lo menos sin que esa paz no llegue por aplastamiento de una de las partes, las FARC, en lugar de ser lograda a través de una negociación larga y complicada en la que ambas partes, incluido el propio Estado por supuesto, han tenido que ceder y hacer concesiones recíprocas. Concesiones que hay bastantes políticos opositores, encabezados por el ex presidente Uribe, que cuestionan, pero que tienen el mérito de acabar con la violencia,  los secuestros interminables y  las estadísticas  de víctimas que crecían y crecían cada año tanto entre los combatientes como entre la población civil.
 
La noticia de la paz en Colombia reconforta y mucho ante el drama en que la guerra en sus diferentes modalidades sigue empañando a varios pueblos y naciones. En África hay más de cuarenta conflictos, unos activos como el de Sudán del Sur, la República Centroafricana o Nigeria, y  otros larvados como el del Sahara, que muestran un mapa de inestabilidad y sangría constante. Con todo, en este momento, el principal foco bélico está en Siria donde ya llevan más de cuatro años en guerra civil y alrededor de trescientos mil muertos. Las noticias que llegan estos días  de los bombardeos sobre la ciudad de Alepo, resultan muchas veces tan increíbles como si se tratase de una recreación cinematográfica.
 
Pero son reales, se producen en pleno siglo XXI, el que con mayor rapidez incorpora a la vida cotidiana todo tipo de avances científicos y tecnológicos pero, lamentablemente, los mismos niveles de irracionalidad, crueldad e indiferencia entre los pueblos. Es absolutamente incomprensible que a estas alturas el mundo desarrollado no haya conseguido parar esa guerra múltiple que, sin que muchas veces se sepa bien quien lucha contra quien, se desarrolla sobre el territorio sirio. Claro que tampoco Siria es un ejemplo único, sólo en estos momentos el más grave. Porque conflictos armados existen en Irak, Afganistán, Somalia, Ucrania, etcétera. Por no recordar la existencia del Estado Islámico o Daesh, ejerciendo la carnicería y represión más dramática que se recuerda. Con la paz de Colombia, Latinoamérica ofrece desde hoy el orgullo de ser un continente donde nuestra familia cultural más próxima vive en paz.