Y, ahora, también Soria

Diego Carcedo
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Dicen que cuando no tiene qué hacer el diablo mata moscas con el rabo. Dicen que cuando no tiene qué hacer el diablo mata moscas con el rabo. Tal parece que es lo que están intentando algunos políticos después del doble fracaso de investidura. Hay coincidencia en que unas terceras elecciones serán un disparate, y en Navidad sin adjetivos suficientes. Pero de ahí a buscar un acuerdo sensato, viable, capaz de sacar al país del atasco, nadie avanza un gesto que invite a reflexionar y a empezar hablar con propuestas imaginativas.
 
Pedro Sánchez, el líder del PSOE que no parece haber escarmentado en su intento por atraerse el apoyo de los populistas, se asegura que ahora está dispuesto a intentarlo otra vez partiendo del más difícil todavía: propiciando un acuerdo entre Ciudadanos y Podemos, es decir, mezclar agua y aceite en una utopía por la que ninguno de los dos pasaría a la hora de hablar en serio.
 
Podemos quizás hiciese algún amago de pacto con tal de salir de la deriva en que se encuentra y la perspectiva de seguir cayendo si efectivamente hubiese terceras elecciones. Pero Ciudadanos aún está en situación más difícil. Después del juego malabar de pactar alternativamente y por separado con socialistas y populares, ahora se encuentra en una situación indescriptible que, además, le mantiene al borde del ridículo.
Las condiciones que planteó al PP para pactar su apoyo a la investidura de Rajoy quedaron al final descafeinadas sobre todo en el capítulo dedicado a la lucha contra la corrupción. En el acuerdo desapareció la palabra Bárcenas, por ejemplo, y se rebajó la exigencia de que los corruptos fuesen apartados inmediatamente. Pero incluso así, la vigencia del acuerdo ni siquiera duró hasta el final de la investidura.
                  
El nombramiento de José Manuel Soria, el ministro de Industria que meses atrás tuvo que dimitir ante el escándalo que desencadenó la revelación de sus cuentas y negocios en Panamá, para representar a España en el Banco Mundial fue para los de Alberto Rivera una iniciativa humillante. Lejos de mantener alejado de la actividad pública a un infractor de normas fiscales, se le encomiendan responsabilidades internacionales importantes.
                  
Para empezar, se viola el final de las puertas giratorias que Ciudadanos tanto venía propugnando. Rivera, quizás desairado por tan incomprensible noticia, se ha adelantado a plantear que Rajoy desista en favor de otro candidato y la respuesta de Rafael Hernando, el impulsivo portavoz popular, minutos antes de iniciarse la última votación, a punto estuvo de que Ciudadanos cambiase su voto sobre la marcha.
                  
Es decir, que todo lo que se había adelantado por la derecha hacia la consecución de una mayoría, se ha vuelto en contra. Un miembro destacado del partido, se lamentaba del engaño y recordaba que Sánchez tenía razón cuando en el debate le dijo a Rajoy que no es fiable. Mientras tanto, a seguir mareando la perdiz, ahora con esa insinuación velada de Sánchez de intentarlo de nuevo, algo bastante surrealista, y después… pues ya se verá.