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Bono, bonito y barato

Los efectos de la compra de bonos corporativos por el BCE empiezan a notarse en el mercado. Tal y como había anunciado, Draghi sigue haciendo todo lo que considera necesario. En su estrategia de llegar hasta las últimas consecuencias, el Banco Central Europeo ha iniciado su programa de compras de deuda corporativa. Un mes más tarde, el balance de las primeras operaciones es ilustrativo.
 
La autoridad monetaria de la Eurozona se ha lanzado con convicción a la compra de estos activos financieros, tanto directamente adquiriendo nuevas emisiones como operando en el mercado secundario. Aparentemente, ha actuado de forma indiscriminada, sin atender apenas a la naturaleza o vencimiento de los activos ni mucho menos a su rentabilidad actual en el mercado. Hasta el momento, el BCE ha adquirido 440 diferentes tipos de bonos corporativos, correspondientes a 158 de las empresas y corporaciones inicialmente consideradas como elegibles.
 
A efectos prácticos, la mayor parte de valores de renta fija que circulan en el mercado han captado la atención y el interés de la autoridad monetaria. Ha estado presente en todas las nuevas emisiones de bonos. Y, si atendemos al volumen adquirido, los productos preferidos en la lista de la compra son los bonos emitidos por Deustche Bahn, Telefonica, BMW, Daimler, ENI u Orange. Pero si tenemos en cuenta el alcance en las empresas, deberíamos incluir también a Snam, Deustche Post, Repsol o Total en la relación de los principales beneficiarios.
 
Un análisis más detallado de las inversiones nos muestra como la acción del banco central tal vez no sea tan neutral como aparenta. Por un lado, se ha focalizado en los activos con mayor dimensión y liquidez. Por el otro, aunque no han desestimado la adquisición de activos a corto plazo, las compras se han orientado preferentemente hacia bonos con vencimiento entre los 3 y los 10 años.
 
Más significativa, en esta fase de actuación, es su voluntad aparente de no evitar riesgos. El 35% de sus adquisiciones tiene un rendimiento negativo en el mercado. No es ajena a este hecho la decisión de invertir también en activos de bajo rating, alejados de los productos calificados como excelentes o de alto grado, algunos de ellos incluso al límite de ser considerados como producto de carácter especulativo. Tal vez lo haga con el objetivo de no inducir excesivas discriminaciones y alteraciones de precios.
 
Pero la distorsión ya está ahí. Un operador tan distinguido difícilmente puede pasar desapercibido o pasear por el parquet sin causar efecto alguno. Los bonos elegidos muestran un comportamiento mucho más favorable que el resto del mercado. Las grandes compañías de servicios y algunos gigantes industriales han visto cómo se reactiva la demanda de sus bonos corporativos al tiempo que disminuye su coste de financiación. Favoreciendo así el acceso a una financiación asequible, se promueve un mejor rendimiento empresarial de estas grandes corporaciones. Buena noticia para sus accionistas.
 
Pero la discriminación no es sólo ante las empresas sin capacidad para emitir bonos o sin opción de ser consideradas elegibles. Si tenemos en cuenta que todavía no han sido incluidas en la lista de la compra las emisiones de Alstom, GE, Arkema o Edenred, entre otras, se puede inferir que si el BCE no modifica su estrategia, a medida que el programa de compras avance y se perciba que la demanda está garantizada, el descenso de los rendimientos de los bonos será generalizado en el mercado. Sobre todo, si el BCE se lanza preferentemente hacia las nuevas emisiones.
 
Así pues, la caída de rentabilidades se trasladará también a los mercados de renta fija corporativa. ¿Y eso es bueno o malo? Pues depende. Tal vez algunos se pregunten si, puestos a invertir los últimos talentos disponibles en el baúl de la política monetaria, son éstas las empresas con mayor capacidad de arrastre económico o con mayores dificultades de acceso a la financiación.
 
La mayor parte del tejido empresarial europeo se financia esencialmente a través del crédito bancario. Un recurso todavía de difícil acceso en muchas zonas de la Eurozona, pues parte del sistema financiero todavía ofrece demasiados indicios de fragilidad. Así pues, y por si acaso, que todos los productos considerados elegibles se acicalen y vistan de fiesta para captar la atención del gobernador.
 
*Josep Lladós, profesor de Economía de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

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Bono, bonito y barato

Josep Lladós

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