Terrorismo yihadista

En Bélgica dimiten

Hay alguna excepción en esta saludable costumbre democrática de dimitir. En España, ya lo hemos repetido alguna que otra vez, no dimite nadie. La seguridad en Bélgica es evidente que deja bastante que desear. Lo reflejan los atentados de París y Bruselas donde, a pesar de tantos avisos y temores se demostró que en algunos barrios los yihadistas campan a sus anchas. Fueron necesarias varias decenas de víctimas para que la policía se ponga las pilas, se deje de rifirrafes internos y empiece a actuar con mayor eficacia. Habrá que ver si lo consigue, ese es otro asunto.

Mientras tanto, como Bélgica es un país serio, aunque aquí sea mostrado como ejemplo tranquilizador de lentitud en la formación del Gobierno, los dos ministros responsables de la prevención y lucha contra el terrorismo yihadista, el de Interior y el Justicia, se han apresurado a dimitir. Es normal, en los países modernos y con un sistema democrático consolidado, quienes fracasan en sus funciones públicas renuncian a sus cargos para que otros intenten hacerlo mejor.

Hay alguna excepción, claro, en esta saludable costumbre democrática de dimitir. En España, ya lo hemos repetido alguna que otra vez, no dimite nadie por mucho que haya atentados, como el de Atocha, aparezcan “bárcenas” en plural revelando corrupción al por mayor, “ritas barberás” agarradas al escaño senatorial y presidentes “wasseando” mensajes de ánimo y afecto a presuntos delincuentes que se han llevado crudo dinero público.

El primer ministro belga, Charles Michel, no aceptó todavía la dimisión de Jan Jambon y Koen Geens, quizás porque no es momento de agravar la situación creando vacíos de poder, pero todo se andará. Nadie apuesta a ganador por su continuidad en el cargo más allá de unas semanas. Nada sorprendería que el propio Michel, a pesar del esfuerzo que le supuso llegar al cargo tras diecisiete meses de crisis, cualquier día de estos tenga un gesto normal y anuncie que será él quien encabece la lista de dimisiones.

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