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“Llegó el Comandante y mandó a parar…”

Ya resultaba difícil que el comandante Fidel Castro, 90 años de edad el venidero agosto, guardara silencio ante lo acontecido en la isla con la visita del presidente Barack Obama. En una de sus habituales ”reflexiones”, cada vez más esporádicas, el líder histórico de la revolución cubana le hizo saber al “distinguido visitante”, en una crónica titulada “El hermano Obama” que “no necesitamos que el imperio nos regale nada”.

Hombre aferrado a sus convicciones, mucho antes de su llegada a La Habana en 1959 y desde sus tiempos de guerrillero en la Sierra Maestra, en carta escrita a su secretaria Celia Sánchez que se toma como una suerte de testamento político de cara a los EEUU. Le había advertido que al ver los cohetes gringos lanzados por el ejército del dictador Fulgencio Batista, sobre la casa del campesino Mario, se había convencido de que su verdadera lucha sería contra el imperialismo yanqui.

Y lo acaba de demostrar con una “reflexión” que ocupó toda una página en el diario Granma en la que no se lee ni una sola frase encomiástica hacia el presidente estadounidense al que le sugiere, entre otras cosas, que “reflexione y no trate ahora de elaborar teorías sobre la política cubana”.

Para Fidel Castro el discurso de Obama al pueblo cubano no pudo ser más “almibarado” y le criticó con mucha fuerza (otros lo han hecho también) el concepto obamista de “olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro es esperanza”.

Tal y como lo hizo en su discurso de defensa ante el tribunal que lo juzgó por el asalto al cuartel Moncada en 1953, Castro vuelve a someterse al veredicto del tribunal de la historia cuando en aquella oportunidad concluyó anunciando que la historia lo absolvería.

Vuelve ahora a someterse al mismo tribunal. Otra tarea más ahora de cara a los Estados Unidos en esta etapa de reconciliación y armonización de las relaciones bilaterales. Un verdadero enigma, que ni el mismísimo Nostradamus, que vaticinó el asesinato de los Kennedy, se hubiera atrevido a pronosticar.

Nada, que como cantó Carlos Puebla en el primer año de revolución, en una canción que recorrió medio mundo, “Se acabó la diversión, llegó el Comandante y mandó a parar”.

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“Llegó el Comandante y mandó a parar…”

Aurelio Pedroso

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