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Cuba no está para muchas risas

Las lluvias que no cesan para colapsar tragantes y alcantarillas, y olas de casi seis metros de altura. Los precios de los productos agropecuarios (los otros también) por las nubes, media isla sumida en nuestro benigno invierno, pero con temperaturas polares como esa de 6,6 grados Celcius por la provincia de Matanzas, que menos mal no llegaron a Varadero donde no se venden ni bufandas ni pasamontañas; las lluvias que no cesan para colapsar tragantes y alcantarillas, y olas de casi seis metros de altura que saltan por sobre el muro como liebres buscando el ambiente callejero habanero; y en la zona oriental de la isla más de treinta sismos con sus contracciones subcutáneas que tienen en vilo a sus habitantes en espera de una catástrofe que ojalá nunca llegue. Los efectos de El Niño por una parte, y los disparates de los mayores por la otra, han generalizado un tema de conversación casi obligado lo mismo en un bautizo que en un funeral: los precios, la salud, la comida nuestra de cada día…

Tuvo que tomar la palabra un diputado y no para proponer una ley que disminuyera el desorden, sino para quejarse ante los presidentes de la República y del Parlamento de que era imposible acudir a un agromercado porque no había bolsillo que resistiese tanto dinero por un par de zanahorias, para que -¿enterados todos?- el alboroto social y gubernamental fuera lo más parecido a la revuelta en un panal de avispas ante una travesura infantil.

Casi que de inmediato fueron abiertos nuevos establecimientos para la venta de viandas, verduras, vegetales y frutas a precios humanos para evitar mayor crispación aunque no se precisa estar graduado de sabio cinco estrellas para comprender que el mal de la agricultura es sistémico, no de momento coyuntural.

Casi el 70% de la producción agropecuaria en Cuba no es estatal y su distribución corre a cuenta de manos privadas que al suponer un tope de precios por parte del gobierno, optaron por no comprar y sumirnos en una semicrisis que alcanza a estos días.

Pero el rosario no termina ahí. Como tapa al pomo, el Zica amenaza y aunque no se haya reportado un solo caso, las autoridades sanitarias ya les han advertido a la gente cuáles son los síntomas. Pasajero que llegue con alguna “calentura” aunque sea de amor, de cabeza a supervisión médica en el mismo aeropuerto y que sea él quien determine por dónde le ponen el termómetro.

En fin, que tanta tensión en toda la isla es como un cóctel con todos los ingredientes para no sentirse nada bien de ánimos, que tal parece hay congestión en la comisura de los labios y de ahí las pocas risas, las indispensables para continuar la marcha.

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Cuba no está para muchas risas

Aurelio Pedroso

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