El Partido Popular lo tiene muy complicado en el asunto de la regulación de las descargas de Internet y la lucha contra la piratería. La posibilidad de conseguir explotar el ignoto y complicado filón de votos que proporcionan los internautas del gratis total le seduce y, por eso, Rajoy se coloca siempre de lado de la revuelta. Más o menos. A esta cuestión, de pura táctica sin más contenido político, se suma la posibilidad de enfrentarse al colectivo de artistas y escritores que suelen posicionarse mayoritariamente a la izquierda, situación histórica con la que la derecha española es incapaz de lidiar.
Nunca han podido superar ese desencuentro. Quizá porque los pocos intelectuales que se sitúan en este espacio político gozan de escasa popularidad transversal y de muy poco eco en el exterior. Desaparecida la dictadura franquista, los conservadores se quedaron muy solos. Y así siguen. Y van a tener muy complicado conectar con este colectivo si atacan la propiedad intelectual. Lo peor es que la complicidad con los piratas puede traerle problemas al PP con el centroderecha europeo que está contra ellos.
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Rajoy y la protección de la propiedad intelectual
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