Opinión

El cazador «valiente»

La muerte, “asesinato” más bien, de “Cecil” demuestra una vez más, y bien entrado el siglo XXI, que los verdaderos depredadores, las verdaderas fieras salvajes no están en las selvas africanas. Un “valiente” cazador español, que ahora se oculta del oprobio general en el anonimato, se ha apuntado el triste y reprobable éxito de haber matado al león más grande de la selva de Hwange, en Zimbabue. Estará encantado el personaje que por un modesto ébolo de 50.000 euros, abonado a unos desaprensivos como él mismo, consiguió sin mayor esfuerzo semejante heroicidad.

La víctima, “Cecil”, cuya piel será exhibida en breve en la casa de tan “valiente” y deleznable cazador, era el jefe de su manada, al más grande y sin duda alguna el más mítico en la zona. Los desaprensivos que lo pusieron a tiro seguro del anónimo cazador, cuya fechoría tanto nos deshonra a sus paisanos españoles cuando nos recuerdan su nacionalidad, engañaron a la fiera a la que atrajeron con el cebo de un animal muerto.

Luego, agonizante aún, lo desollaron y le cortaron la cabeza para que el asesino de la selva pueda pronto mostrarlo a sus amistades con el orgullo de haber vencido a tocateja las leyes que intentan preservar la naturaleza. Merecería para colocarla obligatoriamente al lado del “trofeo” una medalla negra, de algún material pestilente, concedida por los ciudadanos que defendemos la muerte inútil de animales cuya supervivencia debería enorgullecernos.

La muerte, “asesinato” más bien, de “Cecil” demuestra una vez más, y bien entrado el siglo XXI, que los verdaderos depredadores, las verdaderas fieras salvajes no están en las selvas africanas, viviendo con el mismo derecho que los humanos, sino los desaprensivos cobardes que, apoltronados tras cuentas corrientes millonarias, se consideran héroes por haber dispuesto 50.000 euros a cambio de la vida de un león que no se metía con nadie más allá de su territorio.

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