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Economía VIII

Ya imagino a mi amigo socialista chileno Ricardo Salas, ex Director de la Escuela de Administración Pública de la Universidad de Chile, pegando un brinco cuando note que mi afirmación de que el primer transicionalista chileno fue el General Pinochet. LOS PININOS LIBERALIZADORES: EL CHILE DE PINOCHET: Ya imagino a mi amigo socialista chileno Ricardo Salas, ex Director de la Escuela de Administración Pública de la Universidad de Chile, pegando un brinco cuando note que mi afirmación de que el primer transicionalista chileno fue el General Pinochet, no solo no es un chiste, sino que es muy en serio.

Sucede que en un extenso tramo de esta serie, que desarrollaremos más adelante, referiremos lo que surgió en el mundo a partir de los ’90: un tipo de acciones transicionales, cuyo cometido no era de naturaleza política, aunque en casi todos los casos también lo era, sino económico. Y era lo que ya había hecho Pinochet, de modo incipiente e inestructurado.

Es la llamada “transición del comunismo al mercado”, extensamente estudiada en el mundo, aunque aún hasta ahora muy poco referida en Venezuela. Se trató del paso de la “planificación central” o el estatismo extremo a la liberalización económica; es decir, el predominio del mercado como medio de asignación de recursos.

Eso –repito- se hizo en el Chile de Pinochet; antes de los casos de la URSS y el bloque soviético, los prototipos de tales procesos, y también antes que China, otra modalidad, presentes en la literatura especializada. Los abordaremos más adelante.

Nótese que, en contra de la defensa de Ricardo de las realizaciones económicas y cambios de orientación de la Concertación, hay un amplio consenso entre expertos, sobre que no solo no hubo cambios de las políticas económicas de Pinochet, sino que fue una decisión intencional.

Toca precisar, para los no informados, que en este caso hay que diferenciar con claridad entre política económica y política social; en sana ley, entendiendo y manejando la segunda como complementaria, y no sustitutiva, de la primera. En general, la política social debe ser asistencial y compensatoria y no sustitutiva e infusora de ineficiencias a la política económica.

Cuando inicia la transición política negociada chilena, -no fue propiciada, ni por vaciamiento- entre sectores democráticos y la dictadura, ya Chile tenía varios años de transición económica. No solo eran años de brotes de soluciones liberales o del fundamentalismo de mercado avanzadas, sino que el ancien régime también marcaba lo por venir con su poder y sus convicciones de derecha.

Los manejos económicos chilenos de la época fueron, pues, pioneros, predecesores e inspiradores de los notorios casos de la Sra. Margaret Thatcher y Ronald Reagan y el primero de ellos, el Plan Barre, en la Francia de 1976. Fueron un caso de experimentación, finalmente exitoso.

En abundancia de detalles, eran años de desconcierto del marchitado keynesianismo, vigente desde los ’30 hasta las crisis de los ’60-’70 y de perfilamiento progresivo de una macroeconomía con fundamentos microeconómicos y reconocimiento creciente del importante rol de las restricciones presupuestarias en el manejo fiscal.

Las realizaciones económicas de Pinochet –recuérdese que se estaba innovando mundialmente- se ubican en la línea de liberalizaciones varias: 1) precios, 2) comercio y relaciones externas y 3) mercados financieros y en la reforma institucional, con una drástica reducción del Estado y la privatización. Sin embargo, los recortes estatales iniciales se quedaron cortos frente a los efectos inflacionarios (de estabilización) de la liberalización. No hubo, sino después, medidas efectivas frente a esos efectos, con medios fiscales, monetarios y cambiarios.

Los iniciales no fueron buenos años. PIB, empleo, inflación, etc., no respondían. Anótense, además, las distintas vías de represión, incluida la económica. En algún momento de la serie nos tocará preguntarnos y responder si hubo un problema de “timing”, de insuficiencia de medios o de insuficiente aplicación de algunos usados. No son el mismo problema. Son dilemas de los pioneros. Y Pinochet lo fue.

En general, la convicción sobre la relación entre liberalización y buen largo plazo no se discute. Quizás sí la combinación precisa de medios para ello y su “timing”. China nos obliga a ver con atención este asunto. Caso también pionero. Tema para más adelante.

Por ahora, sacrificando discusiones interesantes de coyuntura de aquel tiempo, nos interesa avanzar y observar la marcha de lo económico, lo social y los resultados generales, en el largo plazo, en términos, no solo económicos, sino también políticos. Recuérdese nuestra insistencia en las transiciones como procesos del largo plazo.

Pese a las críticas de sectores de izquierda, en La Concertación hubo –como dicho- acuerdo general sobre la conveniencia de mantener el esquema económico anterior, complementado con un esquema apropiado a la mejora de lo social, sin sacrificio de lo económico. Por cierto, que esto, para los venezolanos de hoy, es un asunto crucial. Es una discusión necesaria en nuestro país, después de tantos años de populismo.

Lo real es que en la transición chilena a la democracia, el componente económico estuvo resuelto desde el inicio: mercado, sector privado, estabilidad y competitividad en economía abierta. Claro que la Concertación, que tiene el mérito político de ser un acuerdo consensual de amplio rango, amplió y ajustó el esquema general de manejo con temas como la equidad y la regulación y optimización de los mercados y una en adelante decidida orientación a la competitividad (endógena, la llamó un analista) en las exportaciones. Todo ello, bajo un destacable modo pragmático de acuerdos.

Hubo planos de claro éxito. Uno general, el reconocimiento implícito de una agenda nacional, no necesariamente como consenso óptimo (algunos la llamaron “democracia consensual, aunque con temas sociales conflictivos); la vinculación entre tareas redistributivas y reforma fiscal (y no con costos de oportunidad del Estado); legislación laboral para crear bienestar; etc.

Algunos temas fueron centrales en la segunda etapa: logros sociales, competitividad internacional y mejoras progresivas del Estado para su amplia tarea. Los anclajes autoritarios, la educación y otros han sido temas costosos para la consolidación. Ha habido atascos. Surgen nuevos problemas. Pero, la “gimnasia” inicial produce aún efectos. Es de desear la plena consolidación democrática y económica.

Santiago José Guevara García
(Valencia, Venezuela)
sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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Economía VIII

Santiago José Guevara García*

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