A mi jefe lo que más le llama la atención es la persona o grupo de personas que puso tras la pista de Rato a las autoridades. Mucho se ha escrito sobre lo sucedido con Rodrigo Rato la semana pasada, cuando varios agentes de Aduanas –dependientes del Ministerio de Hacienda- acudieron a su domicilio, emplazado en un barrio madrileño de clase acomodada, para efectuar un registro que permita arrojar algo de luz sobre el dudoso origen de un patrimonio cifrado en más de 26 millones de euros.
Buena parte de la tinta ha ido a parar a la puesta en escena de dicho registro; con el tráfico cortado, decenas de periodistas en la acera de enfrente filmando, sacando fotos, preguntando e informando y unos cuantos vecinos o espontáneos insultando al que fuera ministro de Economía con José María Aznar.
Sin embargo, a mi jefe lo que más le llama la atención es la persona o grupo de personas que puso tras la pista de Rato a las autoridades. Y sospecha, al respecto, que cada vez son más los funcionarios o ‘personas grises’ que, ante la crisis del bipartidismo, optan por destapar sin ningún tipo de remordimiento o congoja casos de corrupción que afectan a personas de gran talla e influencia.
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