El ministro de Finanzas alemán ataca a Syriza como si nadie hubiese votado a este partido, como si no tuviesen ningún apoyo en su país. El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, rompió ayer su silencio –lo llevaba manteniendo semanas- y volvió a cargar, desde Nueva York, contra Grecia. Mejor dicho: contra el actual Gobierno griego y la gestión que hasta la fecha ha realizado de la crisis.
Mi jefe considera que Schäuble ha olvidado un elemento esencialmente democrático en su diatriba: la gente. El nuevo Gobierno griego está tratando de cumplir las premisas que un porcentaje nada desdeñable de griegos votó el pasado mes de enero, simple y llanamente. Estará bien hecho o estará mal hecho; ya veremos. Pero, por lo pronto, se están limitando a representar a una gran parte de los griegos frente a los acreedores institucionales que llevaban varios años dictando las leyes del país sin que nadie se las pidiese.
Por eso sería prudente, y de cierto buen gusto también, que el ministro germano centrase sus reflexiones y acusaciones en la gente y dejase de tratar a los políticos de Syriza como si hubiesen caído del cielo (como, por ejemplo, pasó con Lukas Papademos).
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Schäuble y la gente, la gente y Schäuble
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