Sea lo que sea lo que vayan a firmar Atenas y sus socios europeos, el resto de los mortales nos enteraremos después. Nubes de tormenta se ciernen una vez sobre Grecia ante el estancamiento de las negociaciones entre Bruselas y Atenas y, sobre todo, después de que el Financial Times dijese ayer, citando fuentes anónimas, que el Gobierno griego se estaría preparando para un ‘default’.
La pregunta para mi jefe era obvia: ¿está Atenas tratando de meter presión –vía mercados- a Bruselas para que afloje la pasta (y las exigencias que vayan con ella) o, por el contrario, los hilos se mueven desde el otro lado para meter presión a Syriza ahora que un ‘default’ no asusta tanto a Francia y Alemania como sí lo hacía en 2010?
Mi jefe no ha querido mojarse por falta de información, pero sí ha querido recordar dos cosas. La primera es que sea lo que sea lo que vayan a firmar Atenas y sus socios europeos, el resto de los mortales nos enteraremos después. La segunda es que el Gobierno griego debe mucho al talento de Yanis Varoufakis, y el tiempo –supone- le dará la razón con creces.
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