La conformidad en ciertos sectores del PP con el tercer puesto de Podemos en Andalucía denota ignorancia y una grave incapacidad en el análisis político. Hace un par de semanas un alto cargo del PP se congratulaba porque Podemos había resultado ser tercera fuerza política en Andalucía, una región que, en su opinión, tenía que demostrar el potencial del partido que lidera Pablo Iglesias.
En opinión de esta persona, que habló bajo condición de complicidad, si en Andalucía el partido de los politólogos sólo había conseguido quedar en tercer lugar con la que está cayendo en esa región, en las demás se estrellará estrepitosamente y aquí paz y después gloria.
Mi jefe opina que esta opinión es equivocada porque obvia la naturaleza real de Podemos: la urbe. Pablo Iglesias, Monedero, Errejón, Luis Alegre y compañía proceden de la ciudad y se dirigen a la ciudad. Han montado un partido compuesto por profesores, académicos y activistas sociales. Ergo fundamentalmente urbano.
Y por esa misma regla de tres, y habida cuenta de que el PSOE ha repetido victoria en Andalucía gracias al voto rural, el tercer puesto de Podemos en Andalucía se puede considerar más bien todo lo contrario: una advertencia (al bipartidismo) de lo que bien podría estar por llegar.
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