Las vacaciones son sagradas. Y aquí no somos nadie para criticar esta máxima que además parece haberse convertido en leitmotiv para alguno. Mi jefe dice que se toma la Semana Santa de vacaciones, y que hasta el lunes que viene no volverá a coger el teléfono. La bronca que le hemos echado ha sido sustantiva; hace apenas unas semanas que terminó con sus vacaciones veraniegas –sí, en febrero- pero ya tiene ganas de volver a coger la sombrilla. Ni el caballo de Espartero.
Pero en fin, que el que paga manda y el hombre lo tenía ya todo decidido. Eso sí; hemos conseguido sacarle la promesa de que en esta ocasión una semana es una semana, y no cuarenta y tres. Vamos, que serán sólo unos pocos días de ausencia…
… ¡y más le vale!
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