La formación magenta ha visto en Andalucía cómo es adelantada por todos los carriles imaginables: derecha, izquierda, veteranos y advenedizos. España ha amanecido este lunes con la debacle de UPyD en las elecciones de Andalucía. La formación magenta ha vuelto a quedarse sin representación en la Cámara autonómica, un hecho grave si se tiene en cuenta que Podemos –un partido con un año de antigüedad- y Ciudadanos –el partido con el que rivaliza Rosa Díez de cara al electorado- sí han conseguido entrar.
Esta ecuación deja a UPyD en un limbo del que no parece estar beneficiándose. Porque según mi jefe la política española se va a entender de ahora en adelante en clave de “lo nuevo” y “lo viejo”. Lo nuevo, en este caso, queda representado por Podemos y Ciudadanos; tercera y cuarta fuerza política de Andalucía respectivamente (y subiendo). Mientras que lo viejo seguiría siendo el PSOE y el PP; primera y segunda fuerza política de la región respectivamente (y bajando). Así es como se ha pronunciado al menos la ciudadanía de la región sureña, que parece haber despreciado la extraña fusión que supone UPyD, donde se mezclan ambos elementos.
Ahora llegan curvas para este partido. Sobre todo en clave interna. Sin ir más lejos Toni Cantó ya ha criticado públicamente a la líder de la formación por la rueda de prensa que ha dado ante los periodistas; un acto en el que Díez ha vuelto a proponerse como “orgullosa portavoz” de la honestidad.







