Hubo un tiempo, cuando, por ejemplo, Mario Conde celebraba su nombramiento como doctor honoris causa por la Universidad Complutense, entre otras bonitas memorias, que Madrid era un sumidero de papel que circulaba por todos los despachos, dossieres, contradossieres, informes y contrainformes, sobre personas, operaciones y corrupciones variadas. Aquello terminó y uno diría que con los avances tecnológicos y la capacidad del email y las redes sociales para propagar infundios, los tochos de tropecientas páginas con fotos y cronologías tenían que pasar a la historia.
Pues no. Ni mucho menos. Sea por lo que sea, el papel muy reservado mantiene todos sus atractivos. Incluso cuando su existencia puede ser una leyenda urbana, eso sí, de muy alta cualificación en este caso y a disposición sólo de los comensales de restaurantes de esos que antes se calificaban como de cinco tenedores. Según nos cuentan en la Villa y Corte hay varios de estos informes. (Uno, por ejemplo que habría servido para que Madrid se quedara sin juegos olímpicos). ¿Usted no lo ha visto? Preocupese o ha dejado de ser un VIP o nunca lo fue que viene a ser lo mismo, pero no es igual.







