Mi jefe dice...

Hay que perseguir tanto al corrupto como al corruptor

Pablo Iglesias y Pedro Piqueras

Es de cajón no querer depender de la hipotética pureza moral esgrimida por un cargo público que se ve tentado con todo tipo de ofrecimientos durante años y años. De hecho, lo que es de cajón es dudar de su capacidad de aguante. A mi jefe hay una parte del discurso enunciado ayer por Pablo Iglesias en la entrevista concedida a Pedro Piqueras que le gustó especialmente. Fue cuando argumentó que hay que luchar contra la corrupción de forma que “los constructores no pongan maletines en la sede del partido del gobierno”.

El líder de Podemos, en su opinión, da en el clavo al querer extender la lucha contra la corrupción más allá del receptor de los sobres. Porque, por el momento, parece que sólo se persigue al que toma y no al que da cuando si realmente se quiere enfrentar este mal endémico de forma seria habría que plantear castigar a los dos extremos: al corrupto y al corruptor.

Es de cajón, argumenta mi jefe, no querer depender de la hipotética honestidad o pureza moral esgrimida por un cargo público que se ve tentado con todo tipo de ofrecimientos durante años y años. De hecho, lo que es de cajón es dudar de su capacidad de aguante. Por eso lo que hay que hacer es sustituir la fe por la racionalidad, y trabajar para mejorar las estructuras del Estado buscando que éstas cohíban al tentador tanto o más que al tentado.

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