Diccionario para ricos

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Un diccionario para ricos está bien, mejor que lo gasten en obras así que en putas como se sospecha que hicieron algunos beneficiados de las black card de Bankia. Acabo de ver en los escaparates de las escasas librerías que van quedando el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Una maravilla de edición, que es lo más visible a primera vista, y de contenido cuando se echa el ojo a su interior. Un trabajo excelente que consolida una imagen de la RAE muy distinta de aquella, empeñada en conservar embalsamadas las palabras fuera de uso cotidiano y, en cambio, mantener en la ilegalidad gramatical muchas de las que los ciudadanos de a pie veníamos utilizando a diario en nuestras conversaciones familiares, sociales e incluso laborales.

El nuevo diccionario es el fruto ingente de una conjunción de esfuerzos, al que se sumaron las Academias de otros países o colectividades hiapanohablantes lo cual lo convierte en el más ambicioso y completo de los aprobados hasta ahora por tan docta casa. Quise comprarlo de inmediato, claro, pero su adquisición ofrece un problema incomprensible: cuesta la friolera de cien euros, una respetable cantidad que en los tiempos de crisis, recortes y austeridad que corren, no está al alcance de cualquiera.

Se trata de que hablemos mejor nuestro idioma, de que lo escribamos con corrección, pero hay que decir y criticar que la ayuda que el diccionario presta se vuelve poco menos que imposible. Se trata, lo sé, de una edición de lujo, gigantesca, y supongo y espero que pronto parezca otra en rústica, más discreta y austera, que es por la que se debía haber empezado; cuando menos ponerlas a la venta al tiempo. Una excelente para coleccionistas, para regalos caros y para lucirla en los estantes de los grandes salones, y la otra para los que la tenemos que manejar a diario hasta acabar dejándola raída y sobada de tanto hojearla.

Un diccionario para ricos está bien, mejor que lo gasten en obras así que en putas como se sospecha que hicieron algunos beneficiados de las black card de Bankia, pero un diccionario actualizado y útil para personas modestas pero dedicadas o interesadas por la cultura, se vuelve imprescindible. Para eso pagamos impuestos.