OPINIÓN

Erre que erre

En la resistencia a las prospecciones que el Gobierno ha obviado está el temor a la desestabilización que el petróleo podría causar en unas islas donde reina la paz El Gobierno de Mariano Rajoy, que es obcecado por naturaleza en su estrategia de buscar camorra, sigue erre que erre en el respaldo del empeño de su ministro de Industria, José Manuel Soria, para que Repsol inicie prospecciones petrolíferas en algunas costas de Canarias. El señor Soria es un experto en promover discrepancias susceptibles de alterar la tranquilidad en la única comunidad autónoma, la suya, que hasta ahora no planteaban problemas y está empeñado desde hace algún tiempo en conseguirlo plantando horribles torres de prospección cerca de las playas de Lanzarote y Fuerteventura.

De nada han servido las protestas encabezadas por la oposición de los partidos y gobiernos, autonómico y de los cabildos, afectados. El Gobierno de Rajoy sigue erre que erre en el empeño y ya ha emitido la correspondiente autorización para que las prospecciones comiencen. Lo que razona y opina la gente, así como la sensatez de las argumentaciones han caído en el vacío. La primera consecuencia afectará al turismo, la riqueza segura de Canarias, la fuente de vida de la mayor parte de sus habitantes, que las prospecciones ponen en riesgo.

Pero, además, en la resistencia a las prospecciones que el Gobierno ha obviado está el temor a la desestabilización que el petróleo, de existir, claro, podría causar en unas islas donde reina la paz, donde la españolidad apenas se cuestiona y donde las disputas propias del control del petróleo podrían dar al traste con una convivencia envidiable, ante la que ninguna riqueza potencial tiene precio. Lo tendrá, eso seguramente, para determinados intereses sobre los cuales nadie ignora que el Partido Popular es especialista.

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