El PP se plantea una reforma electoral que establezca la elección directa de los alcaldes. Eso o se hace bien -doble vuelta- o se va a considerar trampa. Se dice y se comenta que Mariano Rajoy se está planteando una reforma electoral en donde los alcaldes salgan por elección directa. Esto es, que la lista más votada del municipio, aunque sólo atesore un 30% de los votos, sea la lista que llegue inmediatamente al poder sin tener la necesidad de enfrentarse a pactos de oposición y estas vainas tan incómodas a la hora de gobernar.
Mi jefe opina que esto es regresivo y que va contra los principios democráticos en los que se establece, cómo no, que el juego de las minorías es fundamental para la buena salud del sistema. Y si el PP realmente quiere apostar por la elección directa y por el sistema de un único candidato, que instaure la doble vuelta –la que funciona en Francia, por ejemplo- y tan amigos todos. Pero esto de mutilar, adornar y modificar sistemas en beneficio propio no deberían ni siquiera planteárselo.
Entre otra serie de cosas porque con ello lo único que conseguirían es darle alas a Podemos. Sobre todo si, como todo el mundo sospecha ahora mismo, el PSOE no se opone finalmente a la idea y encima hasta la aplaude. En ese caso a Pablo Iglesias ya sólo necesitan ponerle una alfombra roja.
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Los planteamientos tramposos de Rajoy
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