Desde el Malecón

Noventa y nueve papeletas para ser decapitado

Si algún día caigo bajo el filo de una guillotina no será por la maldita bacteria.

Tiempos de desagradables sorpresas, sobresaltos y contadas alegrías en Cuba para matizar los festejos por fin de año, con no pocos lectores que huyen de las malas nuevas como el diablo a la cruz y lo único que agradecen o necesitan, es un buen chiste así sea el color que lo envuelva.

Mi cabeza en juego. Más detalles a continuación.

Aquí va la mala, tal vez buena para otros, que así son las cosas en esta profesión y en esta vida. De la otra, faltan evidencias. El corte será por prescripción facultativa, clínica, medieval, la cabeza a un lado, el cuerpo a otro en remedio santo o infalible cura.

Resulta que a un amigo, diabético como yo, han estado a punto de amputarle un pie por esa enfermedad de base agravada por la presencia de un estafilococo renuente a morir en el campo de batalla por una legión de ineficaces antibióticos porque el indicado no aparecía.

Y como que el cuarto de al lado también se alquila, con otro estafilococo que se hace sentir en la cabeza, que ya uno no sabe de qué forma la va a colocar sobre la almohada, este personaje de años en mutuas andanzas, me ha recomendado a su dermatólogo-verdugo.

Sería el cuatro o el quinto en atenderme que, para variar, cada uno ha realizado un diagnóstico diferente con métodos también ni parecidos casi en dos años de desigual pelea. Un solo ejemplo: uno, que me afeite la cabeza; otro, que sólo pase la máquina; y aquella, que ni me corte el pelo.

Que el amigo ni sueñe me tomaré un café con esa persona. Es que no logro imaginarme esa disección del cuerpo, con una parte en casa, frente al ordenador y la otra “luchando” la calle, pero sanado al fin y al cabo.

Si algún día caigo bajo el filo de una guillotina no será por la maldita bacteria. Mientras tanto, ya buscaré la forma de ubicar correctamente la cabeza sobre la almohada…

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