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Belén Padilla, vicepresidenta del Colegio de Médicos de Madrid

Belén Padilla, vicepresidenta del Colegio de Médicos de Madrid
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Belén Padilla, vicepresidenta del Colegio de Médicos de Madrid (Foto: Jaime Pozas)

La vicepresidenta del Colegio de Médicos de Madrid alerta de que, aunque “la llamada privatización no se pudo llevar a cabo, encubiertamente la sanidad pública está más deteriorada”.

miércoles 12 de diciembre de 2018, 06:00h

“Es imposible prometer ahora una bajada de impuestos salvo que te quieras cargar la sanidad pública”

Belén Padilla tiene una obsesión: concienciar de lo que supone para la sociedad la sanidad pública. Lo intenta desde su puesto como vicepresidenta del Colegio de Médicos de Madrid y desde el Hospital Gregorio Marañón donde es médica adjunto del Servicio de Microbiología Clínica y Enfermedades Infecciosas. Así lleva años haciéndolo.

De hecho, formó parte de la Junta Directiva de AFEM que se querelló contra Javier Fernández-Lasquetty para frenar el plan de privatizar la sanidad madrileña. Esta semana, el popular ha vuelto a la escena política como jefe de Gabinete de Pablo Casado y nuestra protagonista advierte de que aunque la “privatización no se pudo llevar a cabo, encubiertamente la sanidad pública está más deteriorada”.

En una entrevista a EL BOLETÍN, Belén Padilla aguanta la carrera de fondo: Marea Blanca, Vox, huelgas y mucha sanidad pública. Todo desde un precioso edificio en el centro de Madrid que respira historia. Aquí impartió clases Santiago Ramón y Cajal, en el mismo lugar donde décadas más tardes se diseñó la estrategia para frenar a Lasquetty. Un espacio atemporal que incluso dejó a Pedro Almodóvar enamorado de una cámara que usaba el premio nobel para dar clase y que ahora lucha para recuperar el “prestigio perdido” por anteriores directivos.

Una de las noticias de la semana en Madrid es Lasquetty

Sí, vuelve Lasquetty.

Ahora ha sido nombrado como nuevo jefe de Gabinete de Pablo Casado, ¿qué le recuerda el nombre del exconsejero de Sanidad?

Me recuerda lo que muchos decimos: los médicos estábamos un poco adormecidos hasta que Lasquetty un 30 de octubre de 2012 como consejero de Sanidad puso en marcha el famoso Plan de Sostenibilidad del Sistema Sanitario Público y empezó a hablar de la privatización. Empezó a hablar de lo bueno que sería privatizar determinados hospitales. A partir de ese momento, a muchos nos parecía que eso era injusto, que no se podía tratar a la población de unos hospitales de una manera y a otros de otra manera por tener diferente régimen. No nos parecía lógico que desde el sistema público se derivase dinero público hacia una medicina privada. No estamos en contra de esta medicina privada, pero cada uno tiene que tener sus límites y objetivos.

A partir de ese momento, nos empezamos a dar cuenta de determinadas cosas. A raíz de ahí se volvió a refundar AFEM (Asociación Facultativa de Especialistas de Madrid) y logramos [Belén Padilla pertenecía a la Junta Directiva] a nivel judicial lo que no nos parecía algo lógico: privatizar la gestión de la sanidad pública en determinados hospitales. Eso paralizó el plan de Lasquetty, tuvo que marcharse y ahora vuelve.

¿Cuánto ha cambiado la gestión de la sanidad madrileña desde que Lasquetty se fue de la Consejería de Sanidad?

Sin que tenga la culpa Lasquetty ni que sea el responsable de nada porque estuvo poniendo en marcha una forma que tiene él de ver la sanidad, la llamada privatización no se pudo llevar a cabo pero encubiertamente la sanidad pública está más deteriorada. Está mucho más venida a menos hasta tal punto de que todos somos conscientes de que se mantiene por los profesionales. Seguimos trabajando de la misma forma a pesar de las carencias que tenemos. No solo hablo de carencias a nivel de salario, hablo a nivel de contratos. No se incrementa el salario según pasa el tiempo, no se está incrementando el número de profesionales, los profesionales contratados tienen cada vez contratos más precarios… Hay contratos que dan vergüenza verlos, que son del 10% por tu asistencia laboral y el resto por tu actividad de investigación.

Ni los salarios son buenos, ni el número ni el tipo de contratos va a mejor y de las infraestructuras es mejor no hablar. Tenemos hospitales grandes en peores condiciones físicas y tecnológicas con escáneres cada vez más viejos.

Pero al menos hay robots Da Vinci

No sé qué haría yo si fuera consejera de Sanidad, pero creo que se debería plantear: ‘tengo un presupuesto, estamos en crisis y no hay dinero para todo’. Pues como no tenemos dinero para todo, tendremos que priorizar lo que es importante. ¿Qué es lo importante? Lo primero es la asistencia a la población.

Yo no tengo nada que ver con la cirugía por lo que tampoco puedo opinar si el robot Da Vinci es bueno, malo o si nos va a sacar de la pobreza científica, pero lo que dicen muchos artículos es que tampoco soluciona nada. ¿Por lo que para qué nos vamos a gastar un dineral en algo que no soluciona nuestras necesidades y que se puede invertir en otras cosas?

El robot Da Vinci es un ejemplo pero no puedo dejar de hablar de HCIS. Es un sistema informático y muchas veces cuando estamos en el hospital decimos que estamos más enervados, tenemos menos tiempo para mirar al paciente. El paciente no es el centro del problema. No estamos en contra de la informática pero tiene que ser eficiente y que no cueste lo que ha costado el HCIS, que han sido muchos millones.

Venimos de una huelga de residentes en el Hospital 12 de Octubre, ¿qué conclusiones o qué se puede aprender de lo conseguido por estos médicos en formación?

Lo primero es que los jóvenes no están a por uvas como muchas veces decimos. Se dice que los jóvenes no se preocupan por nada. Y no. Los residentes del 12 de Octubre han sido valientes denunciando una situación que tienen, teniendo en cuenta de que están en periodo de formación y que tienen que estar con una buena supervisión. Eso no significa que no puedan trabajar, todo lo contrario: ellos hacen muchísimas cosas y gracias a los residentes hay muchas cosas que tiran para adelante, pero tienen que estar en buena revisión y eso redundará en el paciente.

Hay que aprender que los jóvenes no están muertos, ni están dormidos. Existen y tienen iniciativas. Aquí lo han hecho muy inteligentemente; no han querido enfrentar a residentes con adjuntos. Lo que ellos dicen es que quieren más adjuntos porque necesitan supervisión y eso es bueno para los pacientes.

Me parece que lo han hecho muy bien. Yo recuerdo que cuando en AFEM convocamos la huelga nos costó mucho decidir ir a huelga porque a nadie le gusta tener que dar un paso y menos a un médico.

¿Y por qué le cuesta más dar ese paso a un médico ya consolidado o fijo cuando se vienen haciendo muchas denuncias de este tipo?

Yo creo que por nuestra profesión. Es difícil explicarlo. Llega un momento en el que te sientes tan responsable de la atención al paciente que te cuesta muchísimo dar el paso. Es cierto que los residentes no tienen esta responsabilidad a nivel de ‘si no voy a la consulta, el paciente que lleva cinco o seis meses esperando esa cita, nadie va a verle’, pero a nosotros nos cuesta muchísimo como médicos y ya no te digo nada como cirujano. Los residentes además al no ser plantilla estructural no les imponen servicios mínimos.

En una entrevista al medio CTXT comentó que la Marea Blanca y los médicos, catalogados tradicionalmente como conservadores, en realidad, “no tenemos ideas políticas”, ¿defender un sistema público y enfrentarse a la privatización no es en sí ya una idea política?

Depende de cómo se entienda la política.

O posicionarse en una ideología. Se diría que Lasquetty sí tiene una ideología cuando su plan era privatizar la sanidad. ¿Salir en contra de una ideología no es ya una ideología? ¿Por qué quizá cuesta tanto ese posicionamiento?

Fíjate, ahora hablo como vicepresidenta del Colegio de Médicos y creo que representamos a los médicos. Los médicos tienen diferentes ideologías políticas. No creo que esté bien que una Junta Directiva de un colegio de médicos tenga una etiqueta política. A nosotros nos han acusado de ‘podemitas’, simplemente porque hemos llegado con la intención de hacer bien las cosas y poner en marcha nuestro programa, que era dignificar la profesión médica y lo que era el Colegio de Médicos.

Hemos venido de una época en lo que todo era riñas internas, juicios, la Policía entrando en el Colegio de Médicos porque había disputas y se denunciaban los unos a los otros. Eso es muy desagradable, teniendo en cuenta que dentro había empresas que sacaban provecho del dinero de los médicos. Esta Junta Directiva, a la cabeza del actual presidente, decidió presentarnos para dignificar la profesión médica pero sin ninguna etiqueta política. Cuando dicen que somos ‘podemitas, creo que nos quieren insultar y a mí no me parece ningún insulto que alguien sea de Podemos, del PP, del PSOE, de Ciudadanos o del partido que sea mientras respetuosos con todo lo demás.

Dentro del Colegio de Médicos no tenemos ningún marchamo político. Todos hacemos política con nuestras ideas y nuestra forma de actuar en el día a día, pero no pertenecemos a ningún partido político. No solo estamos para defender la sanidad pública, que lo hacemos porque es bueno para la población, sino también tenemos que defender a los compañeros que trabajan en la privada. Unos compañeros que muchas veces están peor tratados que los que trabajamos en la pública.

Con la Marea Blanca también nos acusaban de ir a por el PP porque era quien gobernaba. Y nosotros repetimos que no teníamos ningún color, que éramos el color blanco de la sanidad.

¿Cree que se dan los elementos para que se vuelvan a los niveles anteriores de movilización con la Marea Blanca aunque ahora hay manifestaciones mensuales?

Hay motivos suficientes para que la Marea Blanca esté igual de efervescente que en 2012 o 2013. ¿Por qué ha perdido fuerza? Porque somos muchos y trabajamos y no podemos dedicarnos al activismo o hacer política. Y llega un momento en el que no te da la vida. Entre lo que tengo que trabajar, estudiar, que estoy en una Junta Directiva con 0% de liberación… Eso te resta fuerza para mantener esa viveza ya no en las calles sino en los medios o haciendo algo constante. Es muy complicado.

Muchas veces nos preguntamos cuál fue la chispa de que eso pasase. Hubo un motivo que nos unió a muchos, que lo entendíamos como algo grave. Fue un paso adelante muy importante. Es cierto que ha perdido fuerza, pero el rescoldo está ahí. Si te das cuenta, de repente en Andalucía surge la Marea Blanca, en Cataluña con la Atención Primaria…

Entonces cree que está adormecida pero que puede aparecer fácilmente.

Sí, eso significó algo y desde puntos de vista se van haciendo cosas. Pero es cierto que no podemos estar todo el día. La Marea Blanca sigue viva, adormecida, pero no está muerta. En cualquier momento que surja algo que nos una mucho a todos, volverá a resurgir porque sigue estando ahí. Es que en las primeras Mareas Blancas se te ponían los pelos de punta. Nunca hubo un disturbio, fueron todas educadas. Fue modélico y mantener eso en el tiempo es muy difícil.

En la entrevista mencionada manifestó que “el rodillo de la privatización sigue funcionando en Madrid”, ¿sigue estando la sanidad madrileña amenazada por la privatización? ¿Qué papel puede tener el Colegio de Médicos para frenar ese rodillo?

El rodillo sigue. Fuimos capaces de frenar la privatización de la gestión pública, aunque hay algunos hospitales que tienen una gestión privada de los servicios no sanitarios. Pero como eso no lo lograron, siguieron un rodillo descapitalizador de la sanidad pública.

¿En qué sentido?

Pues mira, dándose el siguiente escenario: tú te vas a operar al Gregorio Marañón y te dicen que hasta dentro de seis meses no te pueden meter en quirófano. En cambio, te dicen que si te vas a tal hospital privado, te operan pasado mañana. Pues entonces hay gente que decide ser operado en el hospital privado, si no está ‘fidelizado’ con su médico.

Sin embargo, todo lo previo lo ha hecho la sanidad pública y la privada va a hacer lo fácil, por decirlo de alguna manera. Si tú te vas a operar allí y todo va bien, genial; si tú te vas a operar allí y hay una complicación importante, acabas en el público.

Es una forma de engañar a la población diciendo que la sanidad privada es más eficiente. La privada no es que sea mala, puede ser igual de buena o mala que la pública, por supuestísimo, pero los recursos que se invierten en la sanidad privada son menos porque la complejidad, en líneas generales, es mucho menos.

¿Entonces el Colegio de Médicos qué puede hacer? ¿Informar de esto a la población?

Sí. Lo primero que tiene que hacer es defender la profesión médica tanto en el ámbito público como privado. No se pueden tener profesionales que no puedan hacer bien su trabajo en el ámbito que sea. Lo que se tiene que hacer, y esta Junta Directiva lo hace, es denunciarlo. Si creemos que la sanidad pública puede gestionarlo de una manera mejor, lo decimos y lo diremos.

Otro tema actual es la reducción de horarios en la Atención Primaria, ¿qué análisis hace o posición toma el Colegio de Médicos?

No me atrevo a decir nada. No conozco la medicina desde el punto de vista de Atención Primaria. La posición del Colegio de Médicos dependerá de lo que diga la Mesa de Atención Primaria del Colegio de Médicos, que se reúne este mismo miércoles.

¿Es sostenible el sistema público cuando aún no se han recuperado los niveles de inversión precrisis y mientras se quiere impulsar una reducción de impuestos?

No. No se puede sostener un sistema si tú reduces impuestos. Si quieres tener un buen sistema público, y no hablo solo de la medicina, hablo también de la educación, tienes que mantenerlo con los impuestos. Cada vez que oigo que la sanidad pública es gratuita, me pongo mala. No lo es. Es la que pagamos con los impuestos de todos. Es generosa, por decirlo de alguna manera. Yo puedo pagar unos impuestos y no usar nunca jamás la sanidad pública y otro puede pagar los mismos impuestos que yo y usar muchísimo porque por desgracia tiene una enfermedad. Ojalá no la tenga que usar nunca, pero me parece imposible que una sanidad pública de calidad se pueda sostener bajando impuestos.

¿Ahora, en la situación en la que se encuentra la sanidad pública en Madrid, se puede prometer una bajada de impuestos?

No. Yo creo que no. Sin ser política ni estar metida en nada de política, cada vez que oigo a algún partido decir que va a bajar los impuestos, pienso que es mentira. Es algo que se puede prometer, que la ciudadanía lo escucha y dice que es fenomenal, pero es imposible. Salvo que te quieras cargar la sanidad o la educación pública. A mí me parece imposible.

Las elecciones andaluzas han dejado la aparición de Vox, ¿le inquieta un partido que propone para la sanidad pública, entre otro, eliminar el aborto, quitar las operaciones de cambio de sexo y reducir la sanidad que se ofrece a los inmigrantes ilegales?

Me inquieta. Sí.

El año que viene hay elecciones en Madrid y quizá el Colegio de Médicos tenga que hablar con un consejero de Sanidad de Vox.

Claro que inquieta porque todos los beneficios sociales que se han conseguido durante años, no se pueden perder así por así. Cuando alguien dice que el aborto no puede entrar en una financiación pública, dices: vamos a ver, a nadie le gusta abortar así porque sí. El aborto tiene su regularización. Todo lo que tenemos que hacer es tener las cosas regularizadas. Es como si nos metemos en el terreno de la eutanasia o la calidad de atención al final de la vida. Todo tiene que estar regularizado. No vale que uno vaya diciendo ‘no, venga, yo hago el aborto cuando me dé la gana’. Hay unas condiciones que cumplir, unos comités que pasar. A mí me parece que eso que se ha ganado y se ha consensuado, no se puede perder así por así.

Continuando con el aspecto político, ¿cree que la sanidad pública es el gran ausente del debate político mientras se da más pie a temas quizá más sentimentales?

Sí.

¿Es bueno para la sociedad que no se hable de sanidad o simplemente es lo que hay?

No, no es bueno. Me parece muy respetable que cada partido plantee su campaña como quiera, pero en los debates se deberían meter muchos más asuntos y por gente que sepa. Creo que es importantísimo, pero es tan difícil transmitir a la población lo que significa tener una buena sanidad pública cuando tú no la estás utilizando… Quizá no te das cuenta de que puedes tener un cáncer de mama y eso es impagable por mucho dinero que tengas.

Hay que hablar de lo que significa una buena sanidad pública, que también significa debates sobre prevención de determinadas enfermedades. Yo me dedico a las infecciosas y estamos viendo un repunte de las ETS. Y no está habiendo buenas campañas de prevención. Eso también es tener buena sanidad, hacer buenas campañas de prevención.

Claro que todo esto debería estar en los debates. Debería haber un pacto de todos los partidos de unos mínimos que no se deben perder ni en sanidad ni en educación. Eso debería ser sagrado para todos los partidos políticos.

Garrido en su investidura dijo que la sanidad madrileña era la “segunda mejor de Europa”, ¿comparte este diagnóstico?

Si es gracias a sus profesionales, sí. Esa es la respuesta. Me duele cuando oigo a los políticos alardear la joya de la corona que es la sanidad pública y ver los envites que la están dando. Si tú crees que la joya de la corona hay que salvarla, cuídala. No la destroces. Es ese rodillo descalificador.

No sé si somos los segundos de España en Madrid, pero indudablemente estamos a la cabeza de Europa.

En los próximos años, cerca del 33% de los médicos madrileños se va a jubilar, ¿qué se debe hacer para afrontar este problema?

Existe una receta. Si nosotros formamos buenos profesionales, que es cierto que los formamos, ¿para qué lo hacemos si luego se van al extranjero porque aquí no hay sitio para ellos? ¿Cómo se puede solucionar el recambio generacional? Teniendo unos contratos dignos en donde nuestros profesionales más jóvenes se fidelicen con nuestra sanidad. Si no, piensan que para qué se van a quedar aquí si dentro de tres meses igual le echan. Así no fidelizas.

Sería tan fácil, desde mi punto de vista, como decir ‘oye, si se van a jubilar médicos, qué mejor sistema que los que tenemos bien formados, se queden aquí y no se vayan fuera’. Pero para eso hay que invertir. A lo mejor en vez de invertir en Da Vinci, hay que invertir en contratos.

Marco González

Periodista o intento, por lo menos. Aprendiendo. Y todo con un mejunje en la cabeza, pero con el periodismo comprometido como pegamento de unión.

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