Navidades invisibles

Cuba La Habana
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Comienza con prisas este diciembre como que con deseos de dar por terminado un año no muy feliz para los cubanos en consecuencia del mega huracán Irma entre otros males atmosféricos como la tensa sequía, y terrenales como la poca prosperidad económica, y no se aprecia en ningún sitio de la ciudad un arbolito multicolor deseando un venturoso 2018.

De momento, ni en los hoteles que ya es mucho decir. Las iglesias católicas, sin embargo, ya están en esos trajines navideños con el Belén casi a las puertas de los templos y parroquias.

Los establecimientos estatales de venta en divisas si bien no muestran tampoco mucha alegría por las fechas, desde hace buen tiempo atrás están vendiendo estos artilugios para decorar las viviendas y con precios celestiales.

Algunos restaurantes y bares privados, tal vez algo asustados por la orden de cierre de algunos muy importantes a escala ya internacional, se han contentado, muy tibiamente, con alguna que otra guirnaldilla detrás del mostrador.

Feo panorama de cara al turismo internacional que suele incrementarse para pasar navidad y fin de año en algún pintoresco lugar de la isla.

Tal vez a última hora, modalidad que solemos practicar desde las altas instancias del gobierno, hasta alcanzar a un simple ciudadano de a pie, veamos aterrizar sobre la Habana un trineo tirado por ciervos alegres al compás de los villancicos o a ritmo de un maldito reguetón que anuncie que jodidos, pero contentos,