Y ahora mismo retumba no como una piedra, sino como una roca la amenaza de un bloqueo naval a Cuba que impediría la entrada de un barril de petróleo y con ello el colapso de la isla con sus espantosas consecuencias en todos los órdenes.
Nada nuevo. Ya en su tiempo, a principios de los 90s, Fidel Castro lo tuvo en cuenta bajo la denominada “Opción Cero” del llamado Período Especial para Tiempos de Paz. Los que peinamos canas lo recordamos perfectamente.
Imborrable de por vida la imagen llorosa de mi esposa, con la nevera abierta, vacía, y la pregunta sin respuesta “dime qué le vamos a dar de comer hoy al niño”. También, los pozos artesanales y preparar (sólo en planes) sitios donde cocinar en inmensas calderas la comida de todos los vecinos. Un panorama que ponía pelos de punta que, por fortuna, quedó sólo en eso, en la preparación y el nunca arribo de la Opción Cero con el país bloqueado navalmente.
Ha vuelto la amenaza esta vez de la mano de Donald Trump. Todo ha comenzado con el estudio, la tregua y la intención de ponerlo en marcha si no hay una negociación previa.
Aunque las respuestas oficiales no van más allá de la consiga histórica de Patria o Muerte, acompañada de extremo silencio ante la actual situación presente y futura, queda por lo claro que no habrá negociación para satisfacer los apetitos de Trump-Rubio.
Se acercan, por no decir ya están en las puertas de las casas, momentos de extrema angustia. Como botón de muestra, más de 50 horas de apagón en la sur-central provincia de Cienfuegos con la capital cubana siguiéndole los pasos y enrareciendo aún más el ambiente.
Que alguien, con experiencia vivida, nos cuente cómo se puede vivir y producir así.







