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La marea blanca denuncia que el tratado de libre comercio UE-EEUU pone en jaque el sistema público de sanidad

miércoles 07 de mayo de 2014, 00:00h
Manifestante de la Marea Blanca - Foto: Raúl Fernández
Manifestante de la Marea Blanca - Foto: Raúl Fernández
La FADSP denuncia que uno de los principales objetivos del tratado es “conseguir la privatización de los servicios sanitarios”.
Manifestante de la Marea Blanca - Foto: Raúl Fernández
Manifestante de la Marea Blanca - Foto: Raúl Fernández
El Tratado de Libre Comercio (Transatlantic Trade and Investment Partnership) que la Comisión Europea y EEUU negocian desde junio del año pasado, y que no estará aprobado hasta 2016, abrirá el camino para que empresas privadas ‘metan mano’ en la sanidad pública, según ha denunciado la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP).

La federación de la marea blanca señala que este tratado esconde varias amenazas para la sanidad pública europea. En concreto, los gobiernos no podrán recuperar los servicios externalizados o privatizados, aunque “sean un desastre y sus gastos exorbitantes”, señala la FADSP, que cita los casos de los hospitales PFI de Madrid o de Vigo, que multiplican por siete su coste real.

Asimismo, las empresas podrán garantizar y proteger sus inversiones con un arbitraje Inversionista - Estado, que otorga a las corporaciones el derecho de demandar a un gobierno que tome decisiones que dañen sus ganancias, al margen de los tribunales nacionales de justicia. Como consecuencia los gobiernos europeos que adopten medidas legislativas que reduzcan las expectativas de ganancias a una empresa se enfrentarán a reclamaciones por “expropiación” al asimilarlas a una incautación ilegal de la propiedad privada.

Pero es que además, según denuncia la marea blanca, la concesión de indemnizaciones en estos arbitrajes limitará la capacidad de los gobiernos a la hora de intervenir en defensa de los intereses públicos en asuntos como la fijación de precios para los productos farmacéuticos, el control y evaluación de las tecnologías que se vayan a incorporar al sistema, o incluso en medidas de protección de la salud pública tales como el control del tabaco o de la seguridad y calidad de los alimentos.

Dentro de la negociación de este tratad de libre comercio, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que excluía a los servicios públicos, especialmente los sanitarios, de la entrada del sector privado en los mismos. Sin embargo las resoluciones de la Eurocámara no son vinculantes para la Comisión Europea, que es quien lleva a cabo las negociaciones, mientras que la influencia de los parlamentos de los estados europeos sobre estos contenidos del acuerdo es “baja o nula”, destaca FADSP.

Por ello, esta federación teme que la sanidad pública se incluya dentro del tratado, co las cláusulas que garantizan a las empresas privadas su acceso a la misma. De hecho, la marea blanca denuncia que uno de los objetivos claves de la negociación es garantizar el acceso de las empresas privadas a la contratación pública y los servicios sanitarios, dado que estos suponen una parte sustancial de los presupuestos estatales. Sólo en España, rondan entre el 30% y el 40% de los presupuestos de las comunidades autónomas.

En resumen uno de los principales objetivos del tratado es “conseguir la privatización de los servicios sanitarios”, que son vistos por los inversores privados y por la industria farmacéutica de tecnologías sanitarias como una “enorme lista de compras”, según FADSP.

El proyecto que pretende liberalizar las relaciones comerciales entre las dos áreas comerciales más grandes del mundo, con un flujo económico de exportaciones de Europa a EEUU de 356,8 billones de euros y de 457,1 billones de en sentido contrario, lleva paralizado varios meses, se presenta como uno de los principales ejes de la política comunitaria tras las elecciones al parlamento europeo del próximo 25 de mayo.

De hecho, tal y como ya publicó ElBoletin.com, aunque menos mediático que otros cargos, el puesto de Comisario europeo de Comercio que ostentará hasta el próximo año el belga Karel de Gucht se ha convertido en uno de los más preciados objetos de deseo entre buena parte de los políticos europeos.
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