Esperanza Aguirre ha dejado la primera línea política, pero los ciudadanos pueden estar ‘tranquilos’: ha dejado a un digno sucesor. El arte de la ‘lideresa’ para cambiar de tema y lograr así que nadie hablase de sus recortes parece haber sido heredado por José Ignacio Wert, quien se ha convertido en experto en lanzar ‘cortinas de humo’ para guardar las espaldas a Mariano Rajoy frente a las críticas ciudadanas que despiertan sus medidas. Su último globo sonda, una reforma educativa que no deja indiferente a nadie.
La que fuese presidenta de la Comunidad de Madrid hasta hace unos meses ha demostrado en más de una ocasión una habilidad única para lograr un impacto mediático tal que fuese capaz de desviar la atención de sus recortes. La última muestra de esa especial destreza la sacó a relucir en mayo, cuando ‘agitó’ la final de la Copa del Rey al asegurar que habría que suspenderla si los hinchas del Barça y el Athletic pitaban el himno nacional.
Su intención no era la de meterse con catalanes y vascos, sino dejar en un segundo plano la nueva batería de ajustes que había presentado poco antes: la subida de tasas decretada para cuadrar unas cuentas en las que el déficit duplicaba lo anunciado apenas un año antes.
Aunque los ciudadanos, tras su salida del Gobierno de la Comunidad de Madrid, no se han quedado huérfanos. No ya porque la ‘lideresa’ haya desaparecido, que no lo ha hecho, puesto que cada pocos días vuelve a ser noticia gracias a su nuevo blog, su fichaje por ABC o sus intervenciones como presidenta del PP madrileño, sino porque parece haber dejado un digno sucesor: José Ignacio Wert.
El ministro de Educación ha tomado el relevo de la expresidenta regional y se ha convertido en el experto del Gobierno en lanzar globos sonda que hagan olvidar los recortes de Mariano Rajoy.
El último ha venido de la mano de su reforma educativa, cuyo borrador se filtró poco antes de la reunión que el ministro tenía previsto mantener con los responsables del ramo de las comunidades autónomas. En él, el PP blinda el castellano frente a otras lenguas, lo que ha despertado las iras de gallegos, vascos y catalanes, pero sobre todo de estos últimos, y que incluso ha llevado al Barça a defender la lengua catalana y el modelo de inmersión lingüística de la Generalitat.
Una polémica que ya surgió hace unos meses, cuando el Wert reconoció en el Congreso que el objetivo del Gobierno era «españolizar» a los niños catalanes. Ahora la reforma educativa vuelve a estar en boca de todos justo en el momento en el que el Ejecutivo ha anunciado que no revalorizará las pensiones de acuerdo a la subida del IPC y cuando miles de funcionarios están a punto de quedarse sin la extra de Navidad.







