El escándalo de corrupción que ha salpicado a Iñaki Urdangarin ha supuesto el mayor golpe al prestigio de la Monarquía española desde la Transición. La declaración, como imputado, del yerno del Rey en los juzgados de Palma, en febrero de este año, convirtió 2012 en el annus más horribilis de la Familia Real.
El paso por los juzgados del marido de la infanta Cristina se convirtió, lógicamente, en todo un espectáculo mediático, y ha sido uno de los acontecimientos que ha hecho de este ejercicio el más negro para la Casa Real, aunque otros episodios, como la cacería de elefantes en Botswuana, también pusieron su granito de arena. La controversia que provocó ese viaje secreto, que salió a la luz pública tras sufrir un accidente en el que el Rey se fracturó la cadera, fue tal que don Juan Carlos se vio obligado a pedir disculpas públicas, en un gesto calificado de histórico.
Sin embargo ha sido el supuesto enriquecimiento ilegal del esposo de la infanta Cristina lo que ha dado la puntilla a la imagen de la Corona Española. El juez José Castro investiga desde hace 18 meses los negocios ilegales del Instituto Nóos. Esta entidad sin ánimo de lucro fue el instrumento que habrían utilizado Urdangarin y su socio Diego Torres entre 2004 y 2007 para desviar dinero público a empresas privadas de su propiedad, según la investigación judicial.
Urdangarin tiene por delante un horizonte judicial bastante negro, que puede llevarle a la cárcel como lo demuestra el hecho que la Fiscalía haya pedido al juez que imponga una fianza de 8,2 millones de euros dada la gravedad de los delitos de los que se le acusa: falsedad documental, prevaricación, fraude a la administración y malversación de caudales públicos, una fianza que puede obligarle a embargar su abultado patrimonio.
El Rey afirmó en su último discurso de Navidad, que «la justicia es igual para todos», y reaccionó apartando a su hija y al exjugador de balonmano de las actividades oficiales por su “comportamiento no ejemplar”. Además, y para mejorar la imagen y la transparencia de la Casa del Rey, en septiembre creó una nueva web www.casareal.es, con la que pretende mostrar un gesto de transparencia hacia los ciudadanos.
También el pasado mes de julio, y una semana después de que el Gobierno anunciara la supresión de la paga extra de navidad para los funcionarios, la Casa Real decidió reducir en un 7,1% la asignación del Rey y el Príncipe, una medida que habría elegido el propio Juan Carlos I para estar en sintonía con las medidas de austeridad, un ‘recorte’ que por escaso fue muy criticado en las redes sociales.
La Reina se distancia
Las aguas han bajado tan revueltas este año para la familia real, que el 14 de mayo, fecha en la que los reyes cumplían 50 años de casados, no lo celebraron, por lo menos públicamente, lo que los medios de comunicación achacaron al distanciamiento de la pareja, que se puso en evidencia tras el accidente del Rey en Botsuana. Después de la caída que le costó la rotura de cadera, de la que ha sido operado ya por segunda vez, la Reina no acudió a ver a su esposo hasta tres días después de que le operaran, y además fue una visita fugaz, y no pasó inadvertido que no interrumpiera su estancia en Grecia ni por la hospitalización de su marido.
Además, el hecho de que de la princesa alemana Corinna Zu Sayn-Wittgenstein, supuesta amante del Rey y que le acompañaba en la aventura en Botsuana, saliera en todos los medios y con gran repercusión internacional, no facilita que el matrimonio real proyecte una imagen de pareja feliz ante la la opinión pública.







