Alberto Ruiz Gallardón ha tardado cuatro años en superar su peor momento político, aquel en que su enfrentamiento con Esperanza Aguirre le obligó a olvidarse de sus pretensiones de dar el salto a la política nacional. Fue el propio Rajoy quién le dio la noticia. Pero no le olvidó.
De hecho, ahora le colocado en uno de los ministerios más importante. Puro núcleo duro. La cartera desde la que habrá que gestionar el final de ETA, la renovación del Poder Judicial y los posibles coletazos del Caso Gurtel.
Para esa tarea, Rajoy ha querido a un político muy cercano a él, con perfil dialogante y que no está quemado como Federico Trillo por su excesivo protagonismo en las estrategias realizadas por el partido para sortear los complicados casos de corrupción.







