Pedro Sánchez, episodio IV: Una nueva (y vieja) esperanza

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE
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El líder del PSOE confía en poder delegar la presión a Podemos y Ciudadanos, sea cual sea el resultado en Galicia y Euskadi. Pedro Sánchez lleva, como mínimo, un año en tensión. Desde que comenzaran los ciclos electorales, el secretario general del PSOE no ha tenido ninguna semana de descanso. La presión sobre él ha sido tal que ni siquiera sus vacaciones han quedado al margen de la opinión pública. Todos tienen algo que decir a Pedro Sánchez, que imperturbablemente prosigue su carrera hacia La Moncloa.
 
El secretario general socialista ha aguantado hasta ahora todos los envites internos y externos que pedían la abstención a Mariano Rajoy y/o su retirada de esa carrera presidencial. “Con 85 escaños no se puede gobernar”, dijo la semana pasada Susana Díaz, obviando que el socialista Javier Lambán gobierna en Aragón con 18 de los 67 escaños, o que Ximo Puig lo hace en la Comunidad Valenciana con 23 escaños de 99 posibles en las Cortes Valencianas.
 
Pedro Sánchez se ha apoyado en su equipo cercano (Antonio Hernando, César Luena, Patxi López) para ir salvando estos ‘obstáculos’, pero sobre todo ha conseguido el apoyo de un sector con quien ningún socialista querría enfrentarse: La militancia. El secretario general se ha ganado estos meses el afecto de una militancia que siente que los valores del PSOE están más enraizados en Sánchez que en sus críticos. La consulta que realizó a los militantes durante su primer intento de investidura fue un gran paso para obtener su confianza, que se ha consolidado con el ‘no es no’ a Rajoy.
 
La fidelidad de las bases socialistas a Pedro Sánchez es algo que trae de cabeza a la presidenta de Andalucía que, junto a la mayoría de los barones socialistas, no entiende que Sánchez siga barajando la posibilidad de presentarse a una nueva investidura. Para evitarlo, la Ejecutiva Federal del PSOE podría forzarle a la dimisión, aunque con el apoyo que ha conseguido Sánchez entre los afiliados cualquiera se expone a ser el responsable de esa decisión.
 
La Ejecutiva Federal dispone de 26 miembros. Si la mitad más uno de esos miembros dimite de su cargo, una comisión gestora pasaría a comandar el partido y el secretario general estaría obligado a dimitir. A priori, el Comité Federal se celebrará la primera semana de octubre, pero es bastante poco probable que algo así suceda. No tanto porque no haya deseos en una parte bastante considerable del partido, sino porque obtener el mando de esa forma deslegitimaría a la nueva Ejecutiva, provocando una huida masiva de militantes.
 
En cualquier caso, entre los 26 miembros de la actual Ejecutiva Federal existen varios miembros que podrían abogar por un cambio en la dirección del partido. Se trata de los representantes de las federaciones más contrarias a Sánchez, como la andaluza o extremeña. No obstante, esos miembros no alcanzarían a ser más de la mitad del órgano, por lo que forzar la dimisión de Sánchez a través de esa operación resulta prácticamente imposible.
 
La esperanza de los críticos está depositada en Galicia y Euskadi. Consideran que un mal resultado en estas regiones dejaría a Pedro Sánchez sin margen de maniobra, provocando un cambio de estrategia o de líder en el partido. No hay consenso sobre cuál debería ser la ecuación final de Sánchez: Abstenerse a Rajoy y ser oposición o abstenerse y cambiar de líder. Gobernar no es ninguna variable a introducir.
 
Un mal resultado que pudiera acelerar esos acontecimientos sería que el PSE perdiera muchos escaños, emparejándose con el PP vasco, y que En Marea superase al PSG en las elecciones gallegas al mismo tiempo que Nuñez Feijóo obtuviera la mayoría absoluta. Estos resultados dejarían muy débil al PSOE, y por consiguiente, a su líder.
 
No obstante, Pedro Sánchez mantiene una última y nueva esperanza. Que es delegar la espada que le aprieta contra la pared a Ciudadanos y Podemos. El secretario general del PSOE ha mostrado mayor habilidad estratégica que la presupuesta, llegando vivo a septiembre habiendo cosechado los dos peores registros electorales de la historia del PSOE. Esa habilidad la quiere utilizar ahora para salvar su ‘pellejo’, haya el resultado que haya en las autonómicas.
 
Reunión fallida con Vara
 
Este miércoles Pedro Sánchez quería citarse con Guillermo Fernández Vara, después de la controversia acaecida la semana pasada. Al parecer, tal y como informa El Confidencial, Sánchez quería reunirse con Vara para solidarizarse por los «ataques» vertidos en las redes sociales. Sin embargo, el presidente extremeño, que estaba “totalmente dispuesto” a verse con el secretario general, no ha podido concretar la cita debido a su apretada agenda. Está reunido con su homólogo canario, Fernando Clavijo, y después vuela a Italia a participar en la feria Slow Food, a la que ha sido invitado.  No volverá hasta el viernes, día en que Sánchez estará apoyando a los candidatos socialistas para las elecciones vascas y gallegas.