Opinión

Ministros que sí; ministros que no

El asunto a tratar, al parecer, tiene algo que ver  cuando comenzamos a chapurrear en cuna las primeras palabras que nos enseñaron. A dar las gracias, pedir las cosas por favor y responder ante una pregunta  o saludo así sea salido de un extraño. Y un poco más adelante, que no se habla con la boca llena. Los buenos modales solían decir padres y abuelos. La educación, más recientemente.

En Cuba, no todos los ministros o altos cargos contestan a una misiva de la gente común a pesar de estar suscrito en discursos, artículos constitucionales o reglamentos políticos sean de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) o el propio Partido Comunista (PCC) el derecho a elevar cartas hasta la mesa presidencial y ser respondidas.

Resulta frecuente un acuse de recibo. A partir de ahí, siéntate cómodamente a esperar o dormir prolongadas siestas.

Sin embargo, he conocido casos admirables. Uno de ellos, con Marta Elena Feitó Cabrera, ministra de Trabajo y Seguridad Social.

Tal fue el caso de un anciano combatiente de dos guerras que no podía acceder a su jubilación por falta de años de contribución a la seguridad social. No porque haya dejado de trabajar, sino por razones cien por cien burocráticas que no comprendían ese acápite.

Ninguna puerta se abrió para solucionar el caso hasta que se le informó que sólo la ministra mencionada podía erradicar su problema. Así ocurrió. Sin demora alguna le escribió, llegó la respuesta y también la pensión.

Cada vez que la ministra sale en tv, mi compañero de armas no puede menos que expresar agradecido e incluso emocionado: “¡Carajo, mi madrina!”.

Otro caso digno de imitar por otros ministros, es el de Eduardo Rodríguez Dávila, al frente de la cartera del Transporte.

Un reclamo por la titularidad de un auto. Como si fuese una hoja de ruta o bitácora se le informó a la reclamante del curso de su carta hasta la respuesta del ministro que fue algo así como que ellos no tenían nada ver con eso, que el responsable era otro ministerio al que debía dirigirse.

Entonces, en ese otro ministerio, quien debía atender tal menester de atención a la ciudadanía, sostuvo por iniciativa propia que la carta no debía ser al ministro implicado, sino a otra persona de menor rango. Sencillamente, tomó un camino aún sin respuesta al cabo de todo un año y más.

La pregunta bien pudiera ser una: ¿Son ellos exclusivamente los que deben solucionar los problemas de la ciudadanía? Muy mal andamos si fuese así.

Nada, que cuando venga el escándalo o alteración del orden y dicten la sanción jurídica, antes habrá que investigar las razones del “encabronamiento” o disgusto. Lo entrecomillado, para que otros entiendan  ese término tan cubano porque los hay ahora mismo que tienen que resolver y no resuelven. Y la gente está “cabrona”.

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Ministros que sí; ministros que no

Aurelio Pedroso

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