Angela Merkel, canciller de Alemania
La victoria de Angela Merkel en las elecciones alemanas estaba cantada pero al final ha resultado bastante más amarga pensando en el futuro de lo que cabía esperar. Ha perdido un porcentaje importante de votos y escaños y de poco va a servirle que a sus socios de Gobierno y adversarios tradicionales, los socialdemócratas de SPD, les haya ocurrido lo mismo. El nuevo Parlamento, con seis grupos, será más plural y complicado que los precedentes y las dificultades para formar una mayoría más grandes.
Los socialdemócratas, tras el fiasco de las ilusiones puestas en el liderazgo de Martin Schulz, ya han anticipado que no se prestarán a repetir la experiencia de segundón en una Gran Coalición y las demás posibles combinaciones cuadran mal. La esperanza puesta en la recuperación de los liberales, el tradicional partido bisagra, se ha producido, vuelven al Bundestag, pero con una representación insuficiente para completar una mayoría de respaldo a Merkel. La otra alternativa, al margen de la gran coalición, será a tres, con los liberales (FDP) y los Verdes. Nada fácil.
Con todo, lo más destacable y preocupante ha sido el estirón del AFD, el partido con muchos tintes neonazis que desde posiciones de extrema derecha ya venía alterando la estabilidad. El golpe al liderazgo de Merkel y el hundimiento hasta un 20 por ciento del SPD es malo para el proceso de integración europea que la hostilidad de la extrema derecha xenófoba y nacionalista, convertida en la tercera fuerza parlamentaria, también afectará.
La CDU/CSU de Merkel y el SPD de Schulz han pagado los efectos de la crisis y las dudas del euro y en el caso de Merkel, su acogida a los refugiados. La continuidad de Merkel al frente de la principal potencia económica europea y su actitud contra al proteccionismo de Trump garantiza cierta estabilidad tanto a la UE como al euro, pero el resultado en su conjunto no augura que facilite el estímulo que necesita tras el golpe del Brexit.
De momento, tanto la política alemana como europea entran en una etapa de paralización en espera de que la crisis abierta en Berlín se resuelva. Las negociaciones llevarán tiempo. Será difícil que antes de tres meses haya nuevo Gobierno. Una solución que sin duda estará ensombrecida por el crecimiento que los resultados obtenidos por el AFD. Unos resultados -el trece por ciento de los votos- que confirman la consolidación de la extrema derecha.
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Merkel, victoria amarga
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