Tan alto y tan caliente están los índices de Wall Street que podrían estallar en cualquier momento. Eso es lo que vaticina la llamada ‘Profecía Hindenburg’ que ahora se cierne sobre el parqué neoyorquino. Un cúmulo de indicadores técnicos invitan a pensar a los más agoreros en un inminente desplome correctivo en la meca de las finanzas globales.
Este peculiar agregado de factores técnicos tiene tantos simpatizantes como detractores, pero los primeros creen que la ‘Profecía Hindenburg’ ha llegado para cumplirse, tal como ocurrió en octubre de 2007. Entonces el fatídico oráculo de los expertos dio lugar a una fuerte corrección en los grandes índices bursátiles de Wall Street del que, sin embargo, luego pudo recuperarse.
La maléfica ‘profecía’ mide en realidad la profundidad del mercado, especialmente en momentos en que los índices de referencia tocan importantes cotas de cotización. Así ha ocurrido, por ejemplo con el Dow Jones en máximos desde el estallido de la crisis económica y con un S&P 500 en cotas nunca antes vistas en la Bolsa neoyorquina. En concreto, tienen que darse varias circunstancias por al menos dos veces en un plazo máximo de 36 días hábiles de Bolsa para que un sonoro descalabro tenga lugar a lo largo de los 40 días siguientes.
El primero de los requisitos para que la ‘Profecía de Hindenburg’ se cumpla es que el volumen de negociación tanto de los máximos como de los mínimos de las últimas 52 semanas sea igual o superior a un 2,2% de las acciones negociadas en la Bolsa de Nueva York un día concreto. El segundo, que la media móvil de las últimas 10 semanas esté en aumento. Tercero, que el ‘Oscilador McClellan’ -que mide la variación exponencial de las medias móviles de un mercado alcista o bajista- sea negativo. Por último, y van cuatro condiciones, que los máximos de las últimas 52 semanas se hayan construido con un volumen no más de dos veces superior al de los mínimos del mismo periodo.
Una complicada lista de series técnicas que en los últimos días ya se han cumplido dos veces: los pasados 15 de abril y el 29 de mayo, tal como apunta Jonathan Krinsky, jefe de análisis técnico del bróker estadounidense Miller Tabak & Co. En una nota reciente a sus clientes afirmaba que “tiene algo de sentido dada la dispersión entre los nuevos máximos y mínimos del último año”, por lo que recomienda “estar al tanto de ello, incluso si se demuestra que no es más que un tema insulso”.
De otra parte, los detractores de la ‘Profecía Hindenburg’ -nombrada así, por cierto, en honor del dirigible trágicamente accidentado- reconocen que aunque predijo las caídas de los años 2008 y 1987, lo cierto es que sólo se cumple en un 25% de las ocasiones en que se cumplen sus cuatro estrictos condicionantes. Adam Grimes, director de inversiones en Waverly Advisors, apunta además que “este indicador fue creado en un entorno de mercado diferente” en donde la Bolsa de Nueva York suponía la gran parte de las transacciones financieras de EEUU.
Hoy por hoy, subraya, en Wall Street apenas se dan un 10% de las transacciones que diariamente se celebran a lo largo y ancho de la que es la mayor economía del mundo y, con frecuencia, ojo del huracán de las grandes turbulencias financieras internacionales. La más reciente, la quiebra de Lehman Brothers en el año en que, por cierto, el maleficio sí se cumplió.
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