El programa de flexibilización económica de la Reserva Federal (QE2) ha llegado hoy a su fin y los expertos se preguntan cuáles serán los próximos pasos del organismo que dirige Ben Bernanke para potenciar la recuperación de la mayor economía del mundo. Los analistas se muestran escépticos con una tercera ronda del programa de recompra de bonos, pero la debilidad mostrada por EEUU últimamente no les permite descartarla.
Por el momento, poco más se sabe aparte de que la Fed se concederá un tiempo indeterminado para evaluar los efectos del QE2 y que únicamente destinará a la compra de bonos el dinero que gane al vencimiento de los títulos de deuda con que cuenta ya en su patrimonio. Con esta opción, la Fed evitaría inyectar más dinero en el sistema y reduciría sus compras de papeles soberanos a 300.000 millones de dólares en el próximo año.
Si la Fed parece querer consolidar los logros de su plan de liquidez, los analistas lo tienen claro: sólo ha conseguido cumplir una parte de sus objetivos. Mientras que ha logrado salvar de la deflación al país del Tío Sam y potenciar el tono alcista del parqué neoyorquino, no se han aliviado los dos grandes problemas del país: el mercado inmobiliario y el laboral, con un paro que supera el 9% de la población.
En las quinielas de los expertos, el mes de agosto figura como el momento clave para que que Bernanke vuelva a poner en marcha la maquinaria de la Fed, que tendrá que apostar más por acciones que lleven a la creación de empleo y la revitalización del mercado inmobiliario en lugar de a la mera generación de liquidez, lo que ha dejado un dólar bajista que tampoco conviene mantener a largo plazo, dicen los analistas.
Desde que comenzó la crisis económica con la quiebra de Lehman Brothers en EEUU, la Reserva Federal del país ha inyectado en el sistema financiero un total de 2,3 billones de dólares, una cifra sin precedentes en la historia económica de la mayor economía del mundo. Es por datos como éste por el que algunos analistas piensan que lo que sobra en EEUU es liquidez.
Ante este panorama, nadie se atreve a descartar un comienzo del segundo semestre cargado de volatilidad en unos mercados que también tendrán que lidiar con un previsible aumento de los tipos de interés en el Viejo Continente y que buscarán la corrección de la euforia generada por los avances en Grecia.







