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Uralita se hunde un 8% tras entregar a sus acreedores el negocio de aislantes

Uralita

La compañía mantendrá en su perímetro tan solo un 10% de su filial Ursa, la división que el año pasado aportó un 85% de la facturación del grupo. Esta vez, la refinanciación no ha tenido premio en Bolsa. Uralita se queda sin el habitual rebote especulativo que sigue a la novación de deudas en muchas pequeñas cotizadas del parqué madrileño. En su lugar, la compañía cede más de un 8% al encajar la forzosa entrega del 90% del negocio de aislantes a sus acreedores.

Uralita ha conseguido reestructurar su abultada partida de deuda, pero a un precio elevado. Sus acreedores pasarán a controlar la casi totalidad del capital de su filial de aislantes, Ursa Insulation, de la cual la cotizada sólo mantendrá la titularidad de un 10%. El nuevo accionista de control de esta unidad de negocio Kohlberg Kravis & Roberts (KKR), el fondo especializado en reestructuraciones y empresas endeudadas será titular de un 70% de las acciones de la filial.

La dación en pago de acciones se llevará a cabo mediante una abultada ampliación de capital de Ursa. De esta manera, la cartera de activos del grupo se reducirá en 400 millones de euros, mientras que en cifra de negocio la operación supondrá un impacto de 470 millones de euros. La consecuencia en pasivo será un recorte de deuda financiera neta de 360 millones de euros, mientras que en caja fuerte tendrá lugar una inyección de fondos de 74 millones de euros.

Todas estas cifras están pendientes, sin embargo, de modificación “al cierre definitivo de la operación”. En cualquier caso, de confirmarse, supondrían la liberación total de deudas del grupo de componentes de construcción que pasará a contar con “una posición neta de tesorería” que le permitirá “acometer los planes de crecimiento que tiene en marcha”.

Con esta operación culmina un proceso que comenzó hace dos años, cuando KKR procuró a Uralita una inyección de capital de 320 millones de euros a siete años con los que la cotizada pudo hacer frente a deudas con vencimiento en 2014 contraídas con Bankia y Banco Santander. Una vez se complete el movimiento, la compañía controlada por la familia Serratosa verá limitado su ámbito al negocio de yesos con las marcas Pladur y Algiss y a sistemas de conducción y tuberías con Adecqua.

Los inversores han castigado, lo que la propia compañía ha reconocido: no ha podido cumplir los objetivos acordados en esta refinanciación por “el adverso comportamiento de los mercados centroeuropeos, y de manera significativa la devaluación del rublo ruso”. Un resultado que se ha traducido en un aluvión de ventas sobre el valor a razón de la pérdida de control de la unidad de negocio que el año pasado le supuso el 85% de sus ventas globales.

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