La liberalización del precio de los hidrocarburos ha tenido el efecto contrario al esperado por el Gobierno. Las gasolineras culpan a Pemex. Mientras el petróleo se descalabra sin remedio en los mercados internacionales, sube de precio en los surtidores de todo México. Uno de los primeros avances de la reforma energética emprendida en el país se ha traducido en que la mayoría de sus gasolineras han optado por encarecer los hidrocarburos hasta el nuevo máximo permitido por ley.
El sistema de gasolineras de México ha cambiado radicalmente con la entrada del nuevo año. Aunque los surtidores siguen siendo titularidad de la paraestatal Pemex, el Gobierno da libertad a sus gestores particulares para fijar precios siempre que no rebasen el nuevo máximo de 0,91 dólares por litro para la conocida como ‘gasolina magna’, la de uso mayoritario en el país latinoamericano. Un precio por el que han optado la mayoría de estaciones de servicios que supone una subida del 1,9% frente a los precios que se podían conseguir hasta la pasada Nochevieja.
A pesar de este paso al frente para la liberalización de precios en el mercado petrolero, el Estado sigue conservando el monopolio de la venta de esta preciada materia prima. En este sentido, los gestores de las estaciones de servicio explican que el precio al que consiguen el crudo de Pemex es tan alto a pesar de las caídas en los mercados internacionales que apenas cuentan con margen de beneficio, justificando la subida de precios por la que han optado en bloque.
La liberalización de precios a favor del consumidor tan sólo se deja sentir ligeramente en las gasolineras del norte del país, especialmente en las zonas fronterizas con EEUU. Y es que, en el estado de Texas cada litro de gasolina sale por sólo 0,52 dólares. En California, donde la producción de hidrocarburos es mucho menor, el precio asciende hasta los todavía cómodos 0,68 dólares por barril con los que los gestores mexicanos quieren competir para evitar la fuga de clientes potenciales.
Desde la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineros (Amegas) han rechazado rotundamente el nuevo esquema propuesto por el Gobierno mexicano y lo ha acusado de desproteger la inversión mexicana. “Se destruye la rentabilidad de las estaciones de servicio”, han señalado además de subrayar que en el corto plazo se “favorece la venta barata a los inversionistas extranjeros” mientras que “propicia la quiebra de gasolineras” y, por tanto, incentiva el despido de los trabajadores a los que actualmente da empleo.







