Menos de una cuarta parte de los bancos centrales puede legalmente emitir una moneda digital

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Los bancos centrales de todo el mundo, entre ellos el Banco Central Europeo (BCE), se han embarcado en una carrera para sacar su propia moneda digital en un entorno en que el bitcoin ha vuelto a ganar popularidad y Facebook inicia su segundo asalto. Sin embargo, frente a lo que podría pensarse, los responsables de emitir el dinero no tienen ventaja frente a sus competidores privados: según un informe elaborado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), solo una cuarta parte de los bancos centrales está legalmente autorizado a emitir una divisa digital.

Un informe elaborado por el staff del FMI analiza los marcos legales de 174 bancos centrales de todo el mundo y el resultado es demoledor: en un 61% de los casos (107 bancos centrales) la ley solo les permitir emitir monedas y billetes; solo en un 23% (40) no hay ningún límite y podrían emitir su moneda digital sin problema alguno; y en 16% de los casos (27) la ley no es demasiado clara al respecto.

“Cualquier emisión de dinero es una forma de deuda para el banco central, por lo que debe tener una base sólida para evitar riesgos legales, financieros y reputacionales para las instituciones”, asegura el FMI. En última instancia, “se trata de garantizar que una innovación significativa y potencialmente polémica esté en consonancia con el mandato de un banco central. De lo contrario, se abre la puerta a posibles desafíos políticos y legales”, considera la institución en una entrada en su blog.

Para calificar legalmente como moneda, un medio de pago debe ser considerado como tal por las leyes del país y estar denominado en su unidad monetaria oficial. Una moneda generalmente goza de un estatus de curso legal, lo que significa que los deudores pueden pagar sus obligaciones transfiriéndola a los acreedores.

Por lo tanto, la condición de moneda de curso legal generalmente se otorga solo a los medios de pago que pueden ser recibidos y utilizados fácilmente por la mayoría de la población. Es por eso que los billetes y las monedas son la forma más común de moneda. En ese sentido, para utilizar las monedas digitales, primero debe estar la infraestructura digital (ordenadores, teléfonos, conectividad). Pero los gobiernos no pueden imponerlo, por lo que otorgar el estatus de moneda de curso legal a un instrumento digital del banco central podría ser un desafío.

Otra característica de diseño importante es si la moneda digital debe ser utilizada solo a nivel ‘mayorista’, por instituciones financieras, o si podría ser accesible al público en general (‘minorista’). “Los bancos comerciales tienen cuentas en su banco central, por lo que son sus ‘clientes’ tradicionales. Permitir cuentas de ciudadanos privados, como en la banca minorista, sería un cambio tectónico en la forma en que están organizados los bancos centrales y requeriría cambios legales significativos”, avisa el FMI.

Además, la creación de CBDC –siglas referidas a las monedas digitales de bancos centrales- también planteará problemas legales en muchas otras áreas, incluidas las leyes fiscales o la lucha contra el blanqueamiento y la evasión.

“Si van a ser ‘el próximo hito en la evolución del dinero’, las monedas digitales de los bancos centrales necesitan bases legales sólidas que aseguren una integración fluida en el sistema financiero, credibilidad y amplia aceptación por parte de los ciudadanos y agentes económicos de los países”, concluye el FMI.

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