En algunas páginas web confidenciales lo tienen claro: No habrá barón del PP que sobreviva al próximo terremoto electoral si antes no ha marcado una distancia clara con Rajoy. En sus dos vertientes de presidente del Gobierno y líder nacional del partido. Y eso también lo sabía Alberto Fabra, desde hace tiempo.
Las malas lenguas, sin embargo, creen que ha esperado hasta ahora para presentar un programa propio porque no acababa de tener claro a qué lado de la línea situarse, puesto que el viejo PP regional, el que puede acabar con él, estaba demasiado relacionado con casos de corrupción con recorrido en los juzgados.
Hasta que llegó el momento. O las circunstancias le obligaron a tomar una decisión. Lo que habría sucedido, según cuentan los conspiradores de salón mejor instalados en el entorno del PP valenciano, cuando alguien le filtró que el Tribunal Superior de Justicia Valenciano iba a negarse a imputar a Rita Barberá y Francisco Camps. Dos de las personas a quien más teme Fabra.
Por eso, el todavía presidentes de la Generalitat se ha dado mucha prisa en presentar un programa que elude copagos, rebaja impuestos y promete inversiones en infraestructuras públicas y que es justo lo contrario de lo que impulsa el Gobierno central.
Sabe que o mejoran las expectativas de voto del PP valenciano y, además, puede atribuirse esa victoria, o su tiempo habrá pasado definitivamente. Y quiere intentar evitar, lo que, sin embargo, parece ser su futuro más probable.







