Hace apenas una semana, varios medios se hacían eco de un demoledor informe sobre el caso Bankia elaborado por la Intervención General del Estado, a propuesta de la Fiscalía, en el que se criticaba la supervisión del Banco de España desde 2006 tanto de la propia entidad como de sus cajas fundadoras, especialmente Caja Madrid.
El organismo de control, dependiente del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, criticaba que los “suavizados” informes del Banco de España “no reflejaban los problemas con toda su crudeza”. “La labor del supervisor quizás podría haber sido más severa en el pasado, no permitiendo el crecimiento desorbitado, que dificultó e hizo ineficaces las medidas de reconducción del problema, y llevó a la situación conocida” añadía.
Sin embargo, este informe, que apunta directamente contra la labor del anterior gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, apenas ha levantado revuelo, no sólo en la prensa, sino en los propios círculos financieros.
En ese sentido, llama la atención que nadie haya salido a defender o acusar en público la labor de supervisión del Banco de España durante la crisis financiera, pero más aún que ni siquiera se quieran comentar en privado las críticas que ha recibido el regulador.







