Un creciente sector del PP está convencido desde hace meses de que Mariano Rajoy debe cambiar al Gobierno. Ofrecer a los ciudadanos algunas cabezas de turco que puedan compensarles por el fiasco que ha resultado su desembarco en el poder. Y suenan muchos nombres, Ana Mato, por supuesto. Pero más aún, el del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.
Y el clamor subterráneo no cesa. Entre otras cosas porque a diferencia de Mato, cuya dimisión ni siquiera pide ya el PSOE, Montoro está constantemente expuesto. Y sus meteduras de pata no parecen tener fin. Además, si al inicio de la presente legislatura, su estilo faltón y chulesco, un poco en la línea de la siempre añorada Esperanza Aguirre y los dinámicos muchachos del PP madrileño, gustaba a la afición. Ahora buena parte de los simpatizantes y votantes del partido se sienten molestos con él. Sobre todo en las comunidades autonómas.
Algunas malas lenguas de Génova, creen que esta acusación de intento de maquillaje del déficit que llegó ayer desde Bruselas, puede ser la gota que colme el vaso. Por mucho que Rajoy se resista o que los informativos de RTVE, en su desesperado intento de maquillar la realidad hayan llegado a decir textualmente que ‘Europa ha cambiado la forma de maquillar el déficit’, en la apertura de ese telediario de las nueve de la noche que pierde credibilidad y audiencia a ojos vista.
Como siempre los conspiradores de salón creen que don Cristóbal, y algunos otros, desaparecerán después del verano. Incluso si, como esperan todos los españoles sin excepción, la economía empieza a crecer, aunque sea muy poco, y se frena la destrucción de empleo. Y también, sin prueba alguna que avale su opinión, lo dan por hecho los componentes de algunas tertulias de tradición conservadora.
Entre otros motivos, dicen, porque no tiene quien le salve. Su falta de apoyos en el propio partido que, en un principio le vino bien porque era un político no adscrito a ningún sector que no tenía enemigos definidos, puede ser ahora el elemento que le de la puntilla. El hecho de no haber tenido quién le ataque le hace ahora no tener quien le defienda.
Montoro era el ‘profesor’ de Aznar y un catedrático que entró en el PP casi desde el Gobierno y las alturas, pero no se ha ‘currado’ las agrupaciones. Y allí hay una militancia que echa chispas ahora. Y puestos a dejar caer a alguien, mejor a uno que, en realidad, no supone una pérdida para ninguna de las familias mal avenidas que conviven en esa jaula grillos en la que se ha convertido el PP.







