Financial Times publicó el pasado fin de semana un perfil sobre Emilio Botín, presidente de Banco Santander, en el que el diario británico repasa la trayectoria del banquero y augura problemas para la entidad, citando la amenaza reguladora, un mayor deterioro de la economía española y la sucesión del propio Botín.
El rotativo señala, por ejemplo, que Emilio Botín ya tiene 78 años y no existe una estrategia clara para su sucesión. Sin embargo, olvida, por ejemplo, que el propio padre de Botín ejerció como presidente del Santander hasta la edad de 83 años, y que su caso no es precisamente una excepción en el panorama económico mundial. Botín, por ejemplo, es cinco años más joven que Warren Buffet, dos que Amancio Ortega y dos mayor que Carlos Slim. Sin embargo, nadie se pregunta sobre sus sucesores.
El entorno regulatorio y un supuesto déficit de capital del Santander es también una crítica recurrente, a pesar de que no sólo el Banco de España, sino también el BCE, la Autoridad Bancaria Europea (EBA) y los auditores externos Deloitte y Oliver Wyman han constatado la salud del banco.
Por último, sobre un supuesto default de España que afectase al Santander, parece ahora mismo cuanto poco una opción remota.
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