Más de casi nada

Debate PSOE Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez
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Nadie que haya visto o escuchado ayer el debate entre los tres aspirantes a la Secretaría General del PSOE se habrá quedado sorprendido. Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez repitieron los mismos argumentos, promesas y descalificaciones que los tres han venido repitiendo durante la larga campaña en que se hallan empeñados. Lo único que cambió bastante, y en los tiempos que corren en la política española no es poco, fueron las formas, salvadas algunas puyas mordaces y hasta hirientes.

Frente a frente los tres renunciaron en buena medida a la agresividad que habían mantenido en sus discursos y declaraciones precedentes. Después de que el domingo se conozca el resultado ya se verá qué ocurre pero en el debate todo discurrió con la corrección que impone saber que tendrán que convivir y compartir liderazgo bajo las mismas siglas y con los mismos objetivos. En contra de lo que algunos temen y se ha dado como inevitable, ninguno de ellos dejó entrever que su derrota le encaminará en otras direcciones.

El debate además de correcto fue relativamente brillante si el análisis se ciñe sólo a la estrategia por conseguir el respaldo de los militantes en las primarias. Pero resultó frustrante si se esperaba que el contraste entre teorías y estrategias de futuro avanzase en los problemas que enfrenta la socialdemocracia en toda Europa y en las cuestiones, muchas de ellas graves y apremiantes, que preocupan a la sociedad española. Por mucho que se repitió que España es lo primero, fue el Partido el que centró el protagonismo.

El PSOE es un partido de izquierda moderada, con una tradición centenaria, que gobernó y aspira a seguirlo haciendo en alternancia con la derecha. Por eso lo que se espera de sus dirigentes es el bienestar de los ciudadanos, no tanto el voto en beneficio propio que se disputa. Y ese objetivo necesita propiciarlo con ideas ilusionantes y soluciones imaginativas y realistas. Se supone que Sánchez, López y Díaz las tendrán pero al igual que hicieron durante la campaña, ayer no las mostraron.

Y es una pena, porque la enrarecida política española lo necesita. La situación actual, da igual del ángulo desde el que se la contemple, está envejecida, anquilosa, sin iniciativas prometedoras ni elementos que inviten a imaginar un futuro mejor. La sociedad española está desencantada, sumida en la sensación deprimente de la corrupción, y sufriendo porque sus problemas presentes no se resuelven y sus temores futuros no se despejan.

Llevamos mucho tiempo observando cómo los partidos políticos permanecen abstraídos en sus asuntos internos, que la mayor parte de las veces sus esfuerzos responden a intereses y ambiciones personales mientras el desempleo y su derivada el empleo precario siguen angustiando en millones de hogares, la desigualdad social aumenta, los servicios se deterioran, las pensiones, lejos de garantizar la tranquilidad de los mayores, zozobran y en un largo etcétera, los jóvenes contemplan su porvenir con desazón.