Los recortes públicos siguen deteriorando el I+D español en el ránking internacional

ciencia investigación i+d laboratorio cientifico

Por primera vez desde que estalló la crisis, los indicadores del sistema español de innovación e I+D mejoraron en 2015 en lo que parecía una luz al final del túnel de “continuo deterioro”. Pero 2016 supuso un nuevo mazazo a la tímida recuperación de la innovación española y el sector público es el principal responsable, aunque el privado tampoco cumple como debería.

Según el análisis de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) con los datos de la Estadística de I+D y de la Encuesta de Innovación del INE para 2016, la financiación privada al I+D español ha seguido evolucionando positivamente: el gasto empresarial en innovación e I+D creció un 3% en 2016, tras un aumento del 2,7% el año anterior. Y el número de investigadores empleados por las empresas ha aumentado en un 5,4%.

Pero el gasto público a la investigación puntera en España se recortó un 2% en 2016, provocando un fuerte freno al sector a pesar de los números privados. El balance es el siguiente: el gasto en innovación e I+D aumentó un 5,5% y 2,7% respectivamente en 2015. Un año después, la inversión global en innovación ha crecido solo un 0,8%, y un 0,7% en I+D.

Aunque los recortes de 2016 han corrido a cargo del sector público, el ámbito empresarial español también carga con culpas: el sector privado ejecutó el 54% del gasto total y financió el 48% de la innovación y el I+D. Pero esa cifra está aún muy lejos del “reparto habitual en los países avanzados, que acostumbra a ser de dos tercios para las empresas y un tercio para el sector público”, recuerda el estudio de Juan Mulet Meliá, autor de “La Innovación y la I+D españolas en 2016”.

En cifras absolutas, el sector público aportó en 2016 al sector privado unos 639 millones de euros, mientras que el privado financió la I+D pública en unos 324 millones de euros. Del extranjero procedieron unos 1.073 millones, que en un 57,6% financiaron I+D empresarial.

“En conclusión, en el año 2016 no se ha deteriorado el sistema español de innovación respecto a 2015, pero ha bajado el ritmo de mejora, empeorando incluso algunos indicadores”, indica Mulet, “aunque es verdad que los que aseguran un crecimiento sano de la innovación no figuran entre ellos”.

Pese al frenazo público, la I+D empresarial ha aumentado, el número de investigadores también, al igual que el número total de empresas con actividades de I+D, las innovadoras tecnológicas y las no tecnológicas.

Por otro lado, el análisis concluye que la crisis no ha resuelto la falta de homogeneidad del sistema español de innovación, más bien la ha empeorado: las Comunidades Autónomas con más gasto han aumentado su importancia porcentual, y entre las de menor gasto ha habido cambios de orden, algunos significativos. En 2016, ha habido crecimientos de gasto muy dispares entre regiones.

Caída en los ránkings

El documento de Fedea incluye un resumen de las ediciones de 2017 de tres de los Informes anuales sobre la innovación de mayor difusión mundial. Se trata de el European Innovation Scoreboard, el Global Innovation Index y el Global Competitiveness Report. El primero analiza y compara los indicadores de 36 países, entre los que están los de la Unión Europea, y los otros dos los de más de un centenar de economías de los cinco continentes.

“En todos ellos se constata la debilidad del sistema español de innovación, especialmente en su componente empresarial, y el gradual deterioro de su posición relativa dentro del ránking internacional desde el comienzo de la crisis”, apunta la organización.

El autor del análisis confirma que “España se caracteriza por un nivel bajo de gasto en I+D e innovación, un deficiente aprovechamiento del conocimiento científico y tecnológico y una escasa relación de las empresas con las universidades y centros de investigación públicos”.

Y nuestro país tampoco destaca por su capacidad para atraer y mantener talento o para financiar la innovación, según estos barómetros. “Su posición relativa es algo mejor en términos de la calidad de sus infraestructuras, del sistema educativo y de los organismos públicos de investigación, pero siempre por debajo de la media de los países de nuestro entorno”.

Por ejemplo, la situación de España en el Global Innovation Index se observa en el siguiente gráfico en comparación con Alemania Francia e Italia como países de la misma categoría según PIB per cápita. “Salvo España, todos estos países aumentan el valor de su Índice desde 2014”.