Jerome Powell, gobernador de la Reserva Federal
Según los datos publicados por el Departamento de Trabajo, el IPC subió un 0,6% de abril a mayo, extendiendo la subida de un 08% del mes anterior, que fue la más alta desde 2009. La inflación subyacente, que excluye los más volátiles alimentos y energía, subió un 0,7%, por encima de las previsiones.
Los economistas consultados por la agencia Bloomberg habían esperado de media una subida del 0,5% tanto en el IPC general como en el subyacente.
En su tasa interanual, el IPC subió al 5%, si bien esta cifra se ve distorsionada por el efecto base, tras un 2020 marcado por la pandemia. La tasa subyacente aumentó al 3,8%, la mayor cifra desde 1992.
Las presiones sobre los precios siguen aumentando en toda la economía, ya que las empresas se esfuerzan por equilibrar una demanda desbordante con la escasez de materiales y, en algunos casos, de mano de obra. Los cuellos de botella en el comercio, el aumento de los costes de las materias primas y el incremento de los salarios son retos para las empresas que buscan proteger sus márgenes de beneficios.
La cuestión que se plantean economistas e inversores es si estos factores tendrán un impacto temporal en la inflación, como espera la Reserva Federal, o si se arraigarán en un contexto de apoyo masivo a la política fiscal y monetaria.
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