Los precios de la energía ponen en jaque a Europa en plena recuperación de la crisis del covid

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La caída histórica en el consumo mundial de energía en los primeros meses de la crisis de Covid-19 el año pasado llevó los precios de muchos combustibles a sus niveles más bajos en décadas. Pero desde entonces, se han recuperado con fuerza, principalmente como resultado de una recuperación económica global excepcionalmente rápida (el crecimiento este año va camino de marcar su registro más rápido posterior a una recesión en 80 años, según el Banco Mundial), un invierno frío y largo en el hemisferio norte y un aumento de la oferta más débil de lo esperado.

Europa está luchando contra esta tormenta perfecta que amenaza con descarrilar la recuperación económica tras una pandemia que se resiste a terminar, presionar los ingresos de los hogares e, incluso, empañar la incipiente transición ecológica.

Los precios del gas se han multiplicado por diez con respecto al año pasado. Los del carbón por cinco. Según explica la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las fuertes subidas del gas natural han provocado un cambio sustancial hacia el uso del carbón para generar electricidad en mercados clave, como EEUU, Europa y Asia. Y a su vez, el mayor uso del carbón está aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero de la generación de electricidad en todo el mundo. El coste de emitir CO2, por su parte, también se encuentra en niveles récord.

UN CAMBIO NI DEMASIADO RÁPIDO NI GENERALIZADO

Aunque la UE lleva años reduciendo gradualmente su dependencia energética de los combustibles fósiles, el cambio no ha sido lo suficientemente rápido y generalizado como para contener las consecuencias de la crisis. Las energías renovables se convirtieron en su principal fuente de electricidad el año pasado, pero aún no es suficiente y el mix energético es muy diferente por países. Los combustibles fósiles tienen una participación marginal en Suecia, Francia y Luxemburgo, pero representan más del 60% de la producción en Países Bajos, Polonia, Malta y Chipre.

La mayoría de países ya sobrepasa el umbral del 32% de renovables fijado para 2030, aunque si este finalmente es elevado al 40% habrá miembros que deberán redoblar sus esfuerzos, como es el caso de España o Grecia.

Mientras, los ciudadanos de países como España e Italia se enfrentan a facturas de energía sin precedentes que se suman a los problemas económicos causados ​​por la pandemia. El descontento popular ha puesto a los gobiernos en alerta máxima y han propuesto medidas de emergencia para amortiguar el impacto, aunque todavía sin mucho éxito.  ​​No está claro cuánto poder puede ejercer la Unión Europea para frenar los excesos del mercado energético liberalizado, cuyas principales fuentes primarias provienen de fuera de sus fronteras.

TODO COMENZÓ EN INVIERNO

Los problemas comenzaron a gestarse durante el invierno del año pasado, cuando las temperaturas más frías de lo esperado provocaron que la demanda de energía fuera más alta de lo habitual. Esto hizo que las reservas de gas disminuyeran hasta un 30% en marzo. Ya en primavera, a medida que la vacunación iba avanzando por todo el continente, la actividad económica empezó a intensificarse. La recuperación económica auspició una nueva ola de demanda de energía, que aumentó aún más en verano por el uso de aires acondicionados y sistemas de refrigeración.

Pero toda esta creciente demanda no fue satisfecha con una oferta creciente. El bombeo de gas por gasoductos desde países como Rusia o Argelia no aumentó a pesar del aumento de precios que ya en agosto estaban batiendo récords. Y eso que en verano esta materia prima suele ser más barata, motivo por el que las empresas aprovechan para almacenarla en grandes volúmenes para prepararse para el invierno. Pero esto no se produjo y ahora las reservas actuales son históricamente bajas.

La fuerte subida de los precios del gas ha disparado también los precios de la electricidad. En España ahora es hasta cinco veces más cara que el año pasado. La conexión entre los dos se basa en las reglas del mercado energético de la UE.

EL SISTEMA MARGINALISTA

En la actualidad, el mercado eléctrico en Europa —y en todos los países de la OCDE— es marginalista, lo que quiere decir que el coste final de la electricidad es el precio marginal de casar oferta y demanda. Bajo este sistema, todos los productores de electricidad, desde combustibles fósiles hasta energía eólica y solar, compiten en el mercado y ofrecen energía de acuerdo con sus costos de producción. La licitación comienza con los recursos más baratos, las renovables, y termina con el más caro, generalmente el gas natural.

Dado que la mayoría de los países todavía dependen de los combustibles fósiles para satisfacer todas sus demandas de energía, el precio final de la electricidad a menudo lo establece el precio del carbón o del gas natural. Si el gas se encarece, las facturas de la electricidad aumentan inevitablemente, incluso si las fuentes limpias y más baratas también contribuyen al suministro total de energía.

CRÍTICAS, PERO NO CONSENSO

Varios Estados miembros han criticado este sistema de fijación de precios, como Francia y España, quienes argumentan que no refleja los beneficios de la transición verde. Pero la mayoría de los países, también la Comisión Europa, no comporten esta posición y aún defienden el sistema marginalista, al que consideran más eficiente, transparente y competitivo.

Así, aunque la mayoría de actores coinciden en que es necesaria una reforma del mercado, no existe un consenso a nivel europeo sobre la dirección hacia la que debería apuntar una nueva estrategia. Mientras tanto, son los ciudadanos los que pagan.

EL PAPEL DE RUSIA

En medio de este escenario, llama la atención las reticencias de Rusia, el principal exportador de gas a Europa, a aumentar el bombeo. Este hecho ha hecho crecer las suspicacias acerca de que Moscú quiera capitalizar la crisis para defender el controvertido gasoducto Nord Stream 2. La conducción de 1.230 kilómetros que corre bajo el mar Báltico y que une directamente a Rusia y Alemania ya está terminada, pero no ha comenzado a operar por obstáculos burocráticos. El proyecto ha sido muy criticado dentro y fuera de la UE por perpetuar la dependencia del bloque de los combustibles fósiles y extender la influencia geopolítica del presidente Putin.

Gazprom, el principal patrocinador del oleoducto, y el gobierno ruso han negado cualquier participación en la crisis energética, pero insisten en que el oleoducto debe ponerse en funcionamiento lo antes posible. Putin se ha burlado de la UE por negarse a firmar contratos a largo plazo y avanzar hacia acuerdos más flexibles. También ha dicho que Rusia podría entregar un 10% más de gas si se aprueba Nord Stream 2.

Mientras tanto, Alemania decidió suspender recientemente su proceso de aprobación para el gasoducto, que duplicaría su dependencia del gas ruso tras la creciente presión geopolítica para desechar el proyecto.

CIERRE DEL GASODUCTO CON ARGELIA

El pasado 1 de noviembre, Argelia cortó el suministro de gas a España a través del gasoducto que atraviesa Marruecos, en represaría contra el Gobierno de este país, al que acusa de “prácticas hostiles”, lo que supone un nuevo peldaño en el enfrentamiento entre las dos potencias magrebíes.

La cuestión es cómo afectará a España. Argelia ha prometido al Gobierno de Pedro Sánchez que suplirá el gas perdido del gasoducto marroquí aumentando el bombeo por el gasoducto Medgaz y con el envío de buques de GNL.

LOS DERECHOS DE CO2, TAMBIÉN EN MÁXIMOS

La crisis energética también ha puesto en cuestión la política climática de la UE. Dado que la transición verde aún se encuentra en sus primeras etapas, las empresas sujetas al Sistema de Comercio de Emisiones (ETS) de la UE, el mercado de carbono más grande del mundo, están obligadas a comprar y comercializar permisos de carbono.

La propia crisis energética y la fuerte recuperación económica también han impulsado su precio y ya rozan los 70 euros por tonelada en el ICE Endex, frente a los 34 euros de principios de año, un coste que también se nota en los recibos de la luz de los hogares.

La exposición europea a los precios volátiles de la energía seguirá siendo un riesgo en los próximos años antes de que el cambio verde traiga la estabilidad anticipada al mercado. Mientras tanto, los gobiernos tendrán que proponer soluciones provisionales, como reducir tasas o impuestos aplicados en las facturas, que en algunos países representan la mitad del recibo. El Gobierno español, por ejemplo ha recortado temporalmente el impuesto especial a la electricidad, que ha pasado del 5,1% al 0,5%, el mínimo que permite la legislación.

Algunas voces advierten además de que la crisis se prolongará y lo peor aún puede llegar. Europa corre el riesgo de apagones continuos si hay un período prolongado de clima frío este invierno. Así al menos lo cree Jeremy Weir, CEO de Trafigura, uno de los mayores comerciantes de materias primas del mundo con unos ingresos anuales de unos 150.000 millones de dólares.

En su intervención en la Cumbre de Asia de FT Commodities, recogida por Financial Ties, Weir ha avisado de que todavía hay suficiente gas natural en la región a pesar de la promesa de un aumento de los flujos desde Rusia. “Francamente, no tenemos suficiente gas en este momento. No almacenamos para el período invernal”. “Así que, por lo tanto, existe una preocupación real… si tenemos un invierno frío, podríamos tener apagones continuos en Europa”.

VUELVE EL DEBATE SOBRE LA NUCLEAR

La crisis energética también ha reavivado el debate sobre la energía nuclear. En plena celebración de la COP26, el presidente francés, Emmanuel Macron, anunció nuevos reactores en Francia, el país en el que la nuclear tiene más peso en el mix energético. Justificó esta decisión por dos motivos: para preservar la independencia energética en un momento de aumento de precios e incertidumbre geopolítica; y para luchar por el cambio climático, con una tecnología que es libre de CO2, aunque no es limpia.

También Reino Unido invertirá 210 millones de libras esterlinas (283 millones de dólares) en un proyecto del fabricante de motores Rolls-Royce para construir reactores nucleares pequeños que generarán electricidad a bajo costo.

Fuera de Europa, China está planeando construir 150 nuevos reactores nucleares en los próximos 15 años, según una reciente publicación de Bloomberg. La cifra superaría a los que se han construido en el mundo en los últimos 35 años. De este modo, el gigante asiático atendería a su ingente apetito energético y podría reducir su dependencia del carbón, el combustible más contaminante, y que representa la mitad de la energía que consume.

Pero incluso en Japón, el primer ministro, Fumio Kishida, defiende la vuelva a la actividad de las plantas de energía nuclear japonesas que quedaron inactivas después del desastre de Fukushima.