Más allá del negocio de las cuentas corrientes, los créditos o los depósitos, los bancos europeos han ido acumulando con el tiempo datos y datos sobre los hábitos de gasto de sus clientes que han despertado la codicia tanto de las emergentes fintech como de los grandes gigantes tecnológicos. Ahora, una nueva norma obligará a las entidades a abrir ese caudal en un movimiento en el que ha despertado quejas del sector y con el que los reguladores pretenden aumentar la competencia.
A partir de enero, los bancos de la Unión Europea tendrán que proporcionar a las empresas rivales acceso a las cuentas y datos de sus clientes, siempre que los clientes den su permiso para ello. Conforme a la revisada Directiva de Servicios de Pagos, más conocida como PSD2, los bancos también estarán obligados a crear enlaces digitales con firmas externas para acelerar el flujo de información.
La intención de las autoridades comunitarias es modernizar y unificar los sistemas de pago electrónico del bloque común, al tiempo que ofrecer más opciones y transparencia a los consumidores para que puedan además acceder a unos servicios bancarios más baratos. PSD2 establece que los datos financieros de los titulares de las cuentas les pertenecen a ellos mismos, no a su banco, por lo que pueden compartir su información con quien elijan.
En principio, la normativa beneficiará a los gigantes tecnológicos como Amazon.com o Apple, así como a las nuevas fintech, mientras que al mismo tiempo puede en juego hasta el 40% de los ingresos de la industria bancaria minorista europea, según un informe de Roland Berger que recoge la agencia Bloomberg.
Aunque la Federación Bancaria Europea, patronal que agrupa a más de 5.000 bancos del Viejo Continente, ha dado su apoyo públicamente a esta normativa, algunos grandes actores del sector han alertado de que abrir los sistemas a terceros puede conllevar riesgos de seguridad.
“No confiamos en que los datos de nuestros clientes estén protegidos contra hackers y ladrones”, ha llegado a señalar Howard Davies, presidente de Royal Bank of Scotland. “No podemos negarnos a entregar los datos porque eso es lo que dice la legislación, pero tendremos que tratar de educar a las personas para que comprendan la vulnerabilidad que tendrán entonces”.
Además existe otro punto de fricción: los costes que puede generar el nuevo sistema, en un momento en que los bancos se enfrentan a un endurecimiento de la regulación que exige más capital y en el que los tipos de interés siguen lejos de la normalidad.
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