En las mujeres, la llamada pobreza de tiempo se relaciona con una peor salud mental, mala calidad de sueño y baja actividad física. / Pixabay
En concreto, este fenómeno hace referencia a la escasez de horas disponibles para actividades personales y de ocio debido a la cantidad desproporcionada que se dedican al trabajo remunerado y no remunerado.
Los resultados, publicados en la revista Journal of Epidemiology & Community Health, exponen que los individuos considerados pobres de tiempo son aquellos que dedican más de 67,3 horas semanales a la suma del trabajo remunerado y no remunerado, que incluye el trabajo de cuidados y doméstico.
Las personas consideradas pobres de tiempo son aquellas que dedican más de 67,3 horas semanales a la suma del trabajo remunerado y no remunerado, que incluye el trabajo de cuidados y doméstico
El análisis, realizado con datos de 713 mujeres y 695 hombres asalariados de 16 a 64 años, revela que ellas tienen más probabilidades de sufrir este hecho, lo que se relaciona con peores resultados en indicadores de salud.
Mientras que los hombres dedican más tiempo al trabajo remunerado, en las mujeres el tiempo de desplazamiento, el tiempo de trabajo doméstico y de cuidados, en casa y fuera de casa y el tiempo de trabajo total es más largo.
Por otro lado, el artículo apunta cómo la pobreza de tiempo aumenta significativamente en ambos sexos con el número de hijos o hijas. Esto se puede explicar, según los autores, debido a la división de género del trabajo, ya que el número de vástagos suele estar relacionado con un aumento del tiempo de trabajo remunerado entre ellos y de los trabajos domésticos y de cuidado, especialmente en ellas.
En cuanto al impacto en salud, en los hombres la pobreza de tiempo no se asoció con ninguno de los indicadores analizados, mientras que en las mujeres se relacionó con una peor salud mental, poco tiempo y mala calidad de sueño y baja actividad física en el tiempo libre.
El estudio sugiere que el uso del tiempo puede ser un determinante social importante de la salud y de las desigualdades de género asociadas
Teniendo en cuenta estas cifras, el estudio sugiere que el uso del tiempo puede ser un determinante social importante de la salud y de las desigualdades de género asociadas que se explican, entre otras razones, por el desproporcionado trabajo doméstico y de cuidado entre ellas, así como por la mayor prevalencia de actividades multitarea.
“En muchas ciudades europeas la pobreza de tiempo podría reducirse con políticas que reconozcan, reduzcan y redistribuyan el trabajo de cuidados no remunerado, por ejemplo, a través de iniciativas locales para aumentar los servicios públicos asequibles y de calidad para la atención a las personas dependientes”, concluyen los autores.
Referencia:
Artazcoz L. et al. “Time poverty, health and health-related behaviours in a Southern European city: a gender issue”. J Epidemiol Community Health 2024.
Fuente: Agencia de Salud Pública de Barcelona
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