Las consecuencias de ‘La Muerte Negra’: un siglo de estancamiento poblacional y fin de la servidumbre

Documento del siglo XVII sobre la peste
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La llegada de la peste a mediados del siglo XIV en Asia Central, que daría origen a ‘la mayor pandemia de la historia’, supuso un antes y un después en el mundo de entonces, provocando un estancamiento poblacional de un siglo, el fin de la servidumbre y un aumento de salarios en algunas zonas como las de Europa Occidental, entre otras consecuencias.

Así lo recoge el economista italiano Emmanuele Felice en el libro ‘Historia económica de la felicidad’ (Crítica), quien recuerda cómo esta enfermedad –rebautizada como ‘La Muerte Negra’– ya era conocida para los ciudadanos de épocas pasadas (en Europa la sufrieron en varias ocasiones los griegos, los romanos o los bizantinos), pero en esa ocasión golpeó más fuertemente.

La diferencia en este caso fue la Ruta de Seda, una integración comercial entre Asia, Europa y África que supuso una expansión geográfica de la peste nunca antes vista. La mortalidad fue elevadísima, alcanzando entre el 60% y el 80% en el caso de las víctimas de peste bubónica y el 100% en el de la peste pulmonar.

Felice cuenta en su libro cómo el crecimiento poblacional de siglos anteriores se estancó durante un siglo para la población europea, a la mitad del nivel al que había llegado en 1348. Desde el siglo X y hasta mediados del XIV, precisamente en Europa, la población venía multiplicándose por dos, gracias sobre todo a las mejoras tecnológicas.

Este freno limitador poblacional fue el esperado tras una pandemia, si bien la respuesta de varios países entre los siglos XIV y XV en algunos aspectos económicos y sociales no lo fue. Aunque es cierto que la servidumbre se estableció en la Europa del Este tras el paso de la ‘Muerte Negra’, con nuevas obligaciones para los campesinos por parte de la nobleza terrateniente, en Occidente los resultados fueron distintos.

Por ejemplo, en las ciudades de Italia septentrional y de Inglaterra, de Francia y de los Países Bajos, los trabajadores urbanos y, sobre todo, los campesinos, aprovecharon la ocasión para liberarse de sus antiguas cadenas, a veces para siempre.

LA NOBLEZA SALIÓ PERDIENDO
El economista italiano asegura que esto no se debió a que los aristócratas renunciasen a restablecer esas libertades, ya que trataron de continuar con este modelo de forma incluso más férrea. Sin embargo, en términos generales, en la Europa occidental «la reacción salió perdiendo».

Esto se debió a que los nobles eran más débiles desde el punto de vista político, social y económico, ya que se veían hostigados por los sectores manufacteros y mercantiles de las ciudades –de hecho, en algunas zonas de Italia se había concedido ya la libertad al campesino en el siglo XIII–. También la fuerza de la Iglesia impulsaba a la desvinculación de la propiedad de tierras.

El resultado fue varias revueltas del campo en países como Francia e Inglaterra en tiempos de pandemia, llevando a la desaparición de la servidumbre en buena parte de la Europa occidental. Por lo general, se sustituyó por contratos que se limitaban a establecer un alquiler anual, con renta negociada entre trabajadores y propietarios –una conquista que marcó el inicio de una nueva época–.

ITALIA Y EL HUMANISMO
Ciudades como Florencia, Venecia o Milán, que ya se encontraban a la vanguardia en Europa antes del siglo XIV, reforzaron su posición en términos económicos y culturales –el humanismo se extendió al resto de Europa–, pese a las importantes pérdidas demográficas. No obstante, el siglo XVI supondría el ‘canto del cisne’ del liderazgo italiano, por motivos distintos a los de la enfermedad.

‘Historia económica de la felicidad’ también recoge la influencia que tuvo la peste en las rentas en siglos posteriores. La suerte fue la misma, la caída de la mayoría, si bien escalonadamente en función de la zona: mientras al principio se estancaron en ciudades europeas y mediterráneas como Cracovia, Viena, París o El Cairo, más adelante ocurrió lo mismo en India, China o Japón. Es decir, la desigualdad creció, pero las condiciones de vida de los trabajadores mejoraron. Una combinación «verdaderamente inédita».

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